8 de abril 2010 - 00:00

Un clan K en medio de tensiones y fracturas

La crisis venía amortiguada y tomó visibilidad ayer cuando una columna, invocando el nombre de Movimiento Evita, marchó contra el Gobierno de Daniel Scioli para reclamar que «normalice» el envío de alimentos para cuarenta comedores que administran en el conurbano.

La avanzada la encabezó José Rivera, más conocido como «El Chileno», alguna vez encargado de logística del M-E y ahora promotor de una escisión en ese clan de piqueteros K, con argumentos referidos a las «diferencias de construcción» con Pérsico.

Como en todo divorcio las versiones varían según el protagonista. Los díscolos dicen que fueron perjudicados por Pérsico por cuestionar su modo de conducción mientras desde la cima del M-E advierten que Rivera es funcional a Santiago Martorell, uno de los fundadores del grupo, que es funcionario de Pablo Bruera y forma parte del esquema político del intendente platense.

En La Plata, cerca de Martorell, se desvinculan de la movilización de Rivera aunque reconocen que tienen, desde hace años, una buena relación. Del otro lado, aseguran que «El Chileno» actuó como actuó porque es «empleado» de Bruera en La Plata.

Furias cruzadas entre viejos militantes que tienen, hace tiempo, matices diferenciadas. Lo paradójico es que ambos imputan los mismos males a sus rivales: los acusan de preocuparse solo por «los recursos» -eufemismo piquetero de la caja- y no por la política.

Hay, seguro, algunos factores ligados a la decepción mutua: en definitiva, Pérsico imaginaba a Martorell como uno de los dirigentes con más potencialidad del M-E. A su vez, éste le cuestionó a aquél que dejó de hacer política para hacer «seguidismo».

La historia está, desde ayer, más tensa. La marcha de «El Chileno» reavivó las tensiones y cerca de Pérsico volvió a hablarse de «expulsar» del M-E a Martorell y a los demás dirigentes que operan con el Frente Renovador Peronista que encabeza Bruera.

De fondo, el reproche, tiene que ver con la pertenencia o no al planeta K: el ME de Pérsico sostiene que los demás se «apartaron del modelo»; Martorell, y en cierta medida también Rivera y otros referentes, dicen rescatar los éxitos del Gobierno pero piden que el espacio tenga un mayor protagonismo político en lo territorial. «Que no sólo sirva para marchar cuando lo pide la Casa Rosada» aguijonean.

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