15 de diciembre 2011 - 00:00

Un conflicto que desnuda diferencias políticas

Buenos Aires - La fuerza política creada por Máximo Kirchner dio esta semana una muestra de lo que serán los tiempos que vendrán. Ayer, el acuartelamiento de la Policía actuó como detonante de un fusible sensible para la política bonaerense. Todavía sin reponerse del impacto que provocó en su entorno el choque de los efectivos de Infantería con militantes de la juventud kirchnerista el día de su asunción, Daniel Scioli debió ponerse al frente, de manera anticipada, de un conflicto que no se diluirá en el corto plazo.

La falta de sintonía con el Gobierno nacional por el manejo de la política de seguridad viene siendo motivo de cortocircuitos silenciosos. La Casa Rosada -a través de la ministra de Seguridad, Nilda Garré- le hizo saber a Scioli, de distintas maneras, que no comparte su decisión de mantener a Ricardo Casal como ministro de Seguridad y Justicia. Esa objeción se basa en la resistencia del gobernador a aplicar de manera extrema el plan de manejo civil de las fuerzas de seguridad y, por el contrario, reinstaurar la jefatura uniformada de la Policía, hoy en manos del comisario mayor Hugo Matzkin.

Por otra parte, la proyección de las diversas suspicacias sobre la relación entre Scioli y su vice, el ultrakirchnerista Gabriel Mariotto, afloró el lunes sin interferencias cuando militantes de La Cámpora intentaron ocupar -a los empujones contra efectivos de Infantería bonaerense- una de las bandejas de la Legislatura, buena parte teñida de remeras de color naranja con las que se identifican los seguidores del sciolismo.

Más allá de cualquier argumentación, el episodio sentó un precedente del protagonismo que tendrá La Cámpora en las disputas por el poder, que suman también al camionero Hugo Moyano.

La rebelión de la Bonaerense era un reclamo, si se quiere, previsible. Desde hace varios días los distintos cuerpos de la Policía venían anticipando por lo bajo su necesidad de obtener una mejora salarial y laboral. Pero la desafectación de 6 de ellos por los incidentes del lunes rebasó el vaso. También la fuerza policial actúa como un grupo político y se molesta -no lo dice públicamente- por las declaraciones de la ministra Garré sobre la necesidad de dar continuidad a la reforma de León Arslanian, y contra el propio Scioli, a quien le cuestionan el plan de creación de la Policía Comunal que otorgaría el control de la estrategia de seguridad a los intendentes.

Ayer, desde espacios opositores hubo más de una referencia a este conflicto político. El diputado provincial de Nuevo Encuentro y exviceministro de Seguridad bonaerense, Marcelo Saín, pidió la renuncia de Casal. El senador nacional del GEN Jaime Linares dijo que «el gobernador y el ministro Casal deberán terminar con la improvisación en el área de seguridad». Mientras que Francisco de Narváez les reclamó a Scioli y a Mariotto que «resuelvan sus evidentes diferencias sin dañar a la institución policial que cumplió con su deber y las órdenes recibidas». Casi como una respuesta, Scioli resistió la embestida y ratificó la conducción política de la fuerza.

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