4 de noviembre 2016 - 22:42

Un coro ejemplar en el Teatro Colón

• EL RUNDFUNKCHOR DE BERLÍN PARA EL CIERRE DE TEMPORADA DEL MOZARTEUM

Rundfunkchor. El Coro de la Radio de Berlín ofreció una inolvidable versión del “Requiem alemán” de Brahms.
Rundfunkchor. El Coro de la Radio de Berlín ofreció una inolvidable versión del “Requiem alemán” de Brahms.
Con 90 años de tradición a sus espaldas, el Rundfunkchor Berlin (o Coro de la Radio de Berlín) llegó a la Argentina para cerrar la temporada del Mozarteum. Lo hizo en compañía de la orquesta L'Arte del Mondo, con sede en la ciudad alemana de Leverkusen, y bajo la dirección de quien desde el año pasado es titular de este coro, el holandés Gijs Leenaars, de 38 años. La gran versatilidad del ensamble, colaborador habitual de las más grandes batutas de mundo, quedó en evidencia en ambos programas. El segundo de ellos comenzó con el motete "Warum ist das Licht gegeben dem Mühseligen" de Johannes Brahms, y siguió con una versión, también "a cappella", del famoso "Adagietto" de la quinta sinfonía de Mahler hecha por Clytus Gottwald y con texto de Eichendorff. Dos desafíos enormes y muy diferentes, que el coro resolvió con idéntica pericia, con una afinación sin falencias, empaste, dicción, expresividad y musicalidad.

También fue excelente su versión, esa misma noche, del "Requiem" en re menor de Mozart, junto a L'Arte del Mondo. La flexibilidad de las dinámicas individuales de las líneas siempre supeditadas al conjunto, la ligereza (no exenta de solidez) de los melismas y la pulcritud del trabajo de Lenaars con el grupo vocal hicieron que el coro brillara nuevamente, con el sustento sólido de la orquesta, cuyo trabajo también estuvo lleno de inflexiones sorprendentes. Dentro del cuadro de solistas brillaron la soprano Melinda Parsons y la mezzo Sabine Eyer.

Fue el "Requiem alemán" de Brahms, única obra ofrecida el lunes, el que brindó el punto de partida para una interpretación difícilmente olvidable. Coro y orquesta fueron un todo indivisible que respondió con exactitud a las indicaciones de Leenaars. El Rundkunkchor Berlin cantó aquí de memoria (no es llamativo considerando que han llevado a cabo una versión escenificada de esta obra), lo que permitió a los cantantes una conexión total con el director y una interacción mucho mayor entre sí. En líneas generales, ambos réquiems se oyeron en una versión que buscó hundir las raíces en el espíritu mismo de las obras y despojarlas del sonido monumental que les impuso el siglo XX. Sin desbordes ni flaquezas, los ensambles y su director brindaron una interpretación ejemplar y llena de emoción. Lógicamente no hubo bises el lunes; sí el martes: el "Abendlied" de Rheinberger, otra muestra de delicadeza y profundidad por parte de este ensamble que, por su calidad y relieve, fue protagonista absoluto de ambas veladas.

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