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Un criollo 48 horas en la corte de Obama
Luego estará en el Capitolio para un almuerzo con diputados que pertenecen a la Comisión de Relaciones Exteriores y otras con intereses vinculados con la Argentina y América Latina.
En lo doméstico, dedicará parte de la jornada para levantar de la residencia de la embajada argentina en Washington los objetos personales que quedaron cuando debió viajar de improviso a Buenos Aires para reemplazar a Jorge Taiana, que se fue del cargo de canciller con un memorable portazo que está pendiente de facturación política. Timerman es una persona austera, pero acumuló muebles (renovó a su cargo el mobiliario de la residencia por el hábito personal de no usar muebles de segunda mano) y una descomunal cantidad de libros -dedica mucho más tiempo a la lectura que al Twitter, que para algunos es su distracción principal y que usa para mortificar a propios y extraños.
El día clave es mañana, cuando se entreviste con Hillary Clinton en el despacho de ésta en la Secretaría de Estado; la esposa del legendario Bill lo espera con su vocero Philip J. Crowley. Timerman se hará acompañar por funcionarios de la embajada argentina y festejará que la secretaria Clinton lo invitó a dar juntos una conferencia de prensa, privilegio, dice el Gobierno, que no ha tenido hasta ahora ningún canciller latinoamericano. En la reunión el funcionario presentará también el menú de productos que puede ofrecer la Argentina en materia de buen amigo y eficaz mediador en entuertos ajenos.
En esa reunión también espera el funcionario que Hillary le anuncie el plácet de su Gobierno para la designación del nuevo embajador en Washington, el actual secretario de Comercio y Relaciones Económicas Internacionales Alfredo Chiaradía.
También mañana Timerman tiene otra cita en la Casa Blanca, esta vez para entrevistarse con Gary Samoré, asesor de Obama para el Control de Armamentos y Armas de Destrucción Masiva, Proliferación y Terrorismo. En esa reunión discutirán los términos de la posición argentina en esa materia, que hace equilibro entre el compromiso criollo de sostener proyectos nucleares pacíficos vigilados por los organismos internacionales y una mirada moderadamente crítica hacia la posición tolerante de países de la región, como Brasil y Venezuela, hacia los desarrollos descontrolados de, por ejemplo, Irán.
Timerman sostendrá, sobre esto último, la posición argentina de no comprarse un conflicto ajeno en el que no puede influir pero en el cual cree la conveniencia de no arrinconar a ese país y darle argumentos que justifiquen esos desarrollos como parte de la defensa de su autonomía nacional.

