27 de octubre 2015 - 00:37

Un femicidio, una amenaza y un ataque cumplido

Como víctima, Maira Belén Morán hizo todo lo que estuvo a su alcance. Le costó mucho tiempo animarse pero finalmente llegó a denunciar 12 veces a su ex pareja, Alberto Sebastián Moreno, por sistemáticos episodios de violencia de género.

No le sirvió de nada. Cada denuncia que hizo quedó cajoneada. Moreno se burló de ella, de su madre y de la hija que tuvieron ambos. La escena es grotesca. El relato es la crónica de una muerte anunciada que nadie quiso o supo frenar.

Golpes, amenazas, menosprecio, verdugueo. Todo eso hizo Moreno con Belén a lo largo de la tormentosa relación que él diseñó. Belén al principio negaba todo. Minimizaba los golpes. Protegía a su madre Marylen, pensaba en su pequeña hija. Con coraje, lo denunció y logró una exclusión del hogar y una restricción perimetral que Moreno jamás cumplió.

Lo insólito es que la última restricción decía que Moreno no podía acercarse a 500 metros de Belén, y vivía sólo a 100 metros de ella en la casa de sus familiares. Una burla total que nadie controló.

El 1 de agosto Moreno lanzó una de sus tantas amenazas. Violó la restricción, encaró a la madre de Belén y le espetó en la cara: "Doña, vaya buscando tres cajones, son boleta...". La amenaza fue clara y contundente. Harta, desesperada, a la mañana siguiente, Belén juntó fuerzas de donde ya no tenía. Fue decidida a denunciar otra vez a Moreno en la fiscalía de género.

Él, como un chacal la espío desde la esquina. La acechó y la atacó por la espalda. Fue a una cuadra de la casa de Belén, en Manzanares. Con doce puñaladas, Moreno cumplió con su amenaza del día anterior y escapó en bicicleta. Dos testigos vieron el homicidio. Quisieron salvar a Belén pero no pudieron. El odio de Moreno pudo más.

Luego de estar prófugo un par de días y de buscar ayuda y protección "como una rata", Moreno fue detenido.

La fiscal Carolina Carballido lo procesó con prisión preventiva por "Homicidio doblemente calificado, por el vínculo y por femicidio". Moreno fue a la cárcel, pero su odio siguió vigente.

Con él preso, la que siguió recibiendo amenazas fue Marylen, la madre de Belén. Primero, extraños llamados; después, un extraño robo. Finalmente terminó con custodia policial en la puerta de su casa.

La mujer se había cansado de denunciar que un policía de la zona protegía a Moreno y lo ayudaba a zafar, cada vez que lo acusaban por violar la perimetral.

Otra vez como pasó con las amenazas que había sufrido Belén, todo terminó en un ataque brutal. Antes, una y otra vez, la madre de Belén había pedido ayuda para mudarse de barrio. Sigue viviendo a 100 metros de la casa de los familiares del asesino de su hija. Tampoco la escucharon. Entonces, la profecía del ataque se cumplió. Marylen fue atacada a traición, igual que su hija. La subieron a un auto. La doparon, la golpearon y la dejaron desmayada a la vera de la Panamericana. Está claro, el odio de Moreno sigue latente. Ni Belén, ni su madre, ni nadie, pueden despegar de él. Un femicidio, una amenaza, un ataque cumplido.