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Un hombre afecto a apuestas de riesgo
A lo largo de su trayectoria, Volcker demostró que nunca opta por la vía más cómoda para resolver los problemas. Al contrario, se lo considera un economista creativo, siempre dispuesto a emplear estrategias complicadas e, incluso, políticamente arriesgadas para los presidentes de turno.
Al respecto, «The New York Times» recordó en un artículo cómo Volcker decidió sobre el final del gobierno de Carter que la mejor manera de bajar la inflación era imponer tasas de interés muy elevadas, lo que «arrastró al país a una recesión y condenó al fracaso el intento de reelección» del demócrata.
Volcker recibió en su momento fuertes críticas por esa estrategia, pero se mantuvo en su posición y, al final, hizo lo correcto para el país, ya que la bonanza de los mercados financieros que comenzó en 1982 fue un resultado de su gestión, dijo el «Times».
Al término de su segundo mandato como presidente de la Fed, el economista, formado en las prestigiosas universidades de Princeton, Harvard y la London School of Economics, volvió al sector privado y se convirtió en el presidente y director general del banco de inversión James D. Wolfensohn, cargo que desempeñó hasta 1996.
En el sector privado se inició como asesor financiero del Chase Manhattan Bank entre 1957 y 1962.
Volcker, que no sólo sobresale por su impresionante currículum, sino también por los dos metros que mide, también cuenta con una amplia experiencia en el Departamento del Tesoro, adonde llegó en los años 60 tras su primer paso por la Fed y el sector privado.
En los años 90 ejerció de presidente de la Comisión Trilateral de EE.UU., fue miembro del consejo de United Airlines y, después de 2000, lideró la comisión de la ONU que investigó el escándalo de corrupción en el Programa Petróleo por Alimentos en Irak.


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