Un hombre y una mujer, a través de sus mutaciones

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• MÓNICA VIÑAO DIRIGE "TRES VECES AL AMANECER", EN EL CUNIL CABANELLAS
La novela del italiano Alessandro Baricco pone su foco en una pareja de desconocidos que se cruzan, siendo otros, en tres circunstancias distintas.

"Todavía no están dadas las condiciones para que me convoquen para dirigir en salas comerciales, allí no hay mujeres que dirijan", dice a este diario Mónica Viñao, de amplia trayectoria en el circuito alternativo y que nuevamente dirigirá en un teatro oficial "Tres veces al amanecer", sobre la novela de Alessandro Baricco, que debutó esta semana en la Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín. Con elenco integrado por Verónica Pelaccini, Lautaro Perotti y Jorge Rod, versa sobre un hombre y una mujer desconocidos que se encuentran tres veces en el vestíbulo de un hotel, poco antes del amanecer. Cada encuentro es único, primero y último, aunque se trate de los mismos personajes y actores encarnados por Perotti y Pelaccini. Son dos adultos primero, un viejo portero de noche y una adolescente luego, y finalmente un chico y una policía ya madura. Hay un tercer personaje que aparece al final de cada acto a cargo de Rod. Dialogamos con Viñao.

Periodista: Las tres historias son los mismos personajes y el espectador habrá de elegir con cuál se queda. ¿Cómo es esto?

Mónica Viñao: Hay que elegir qué cuento uno quiere que pase en realidad; son tres historias atravesadas por el destino y con los mismos personajes en diferentes etapas de la vida. Al final el espectador decide con cuál se queda. Todo esto lo saben los actores pero no los personajes, que hacen sus cosas más allá de lo que está destinado o no.

P.: ¿Qué le atrajo de Baricco para adaptar su novela?

M.V.: Me interesa todo lo que él escribe, "Seda", "Novecento", el maravilloso monólogo que Jorge Suárez interpretó hace años. Baricco es inquietante aunque parezca que no. El cuento da más para el teatro y la novela para el cine, pero esta novela "Tres veces al amanecer" la escribió de manera teatral, lo único que hice fue adaptarla siguiendo a Baricco con preguntas y respuestas cortas, reduje el monólogo y nos enteramos de la vida que han tenido a través de los personajes.

P.: Dijo que no alcanza sólo con el talento de los actores, ¿a qué se refiere?

M.V.: Pasa lo mismo que con el amor. La tenacidad y la entrega son tan o más importantes que el talento. Con estos actores fue fácil trabajar, a Lautaro lo había visto en "La omisión de la familia Coleman" y a Verónica no la conocía, pero en el teatro me dijeron que eran buena gente y actores, los entrevisté y me gustaron. Con Jorge Rod trabajé siempre, me ha ayudado con el entrenamiento Suzuki, es como mi hijo artístico. Pero mis ensayos no son de entranamiento, son ensayos.

Y también está la dirección que es importante. Yo armo con los actores, no voy imaginando sola, no llevo cosas hechas, las hago con ellos, me gusta lo que ponen de sí.

P.: ¿En qué consiste el método Suzuki?

M.V.: Viajé varias veces a Japón para formarme con Tadashi Suzuki. Es una forma de entrenamiento que no conlleva una estética determinada sino que sirve para hacer teatro, cine o televisión. Integra el trabajo de la voz con el trabajo físico.

P.: ¿Cómo fue el trabajo en el teatro oficial? ¿Cómo se vive esta situación del país en el ámbito de la cultura?

M.V.: En febrero el presupuesto abarcaba más, hoy está diluido por la inflación, aunque se pudo contener y por eso se puede hacer la obra. Nadie le pide al teatro más allá de eso pero es cierto que los sueldos no son lo que eran en febrero. La cultura ha sido tocada por esta crisis así como la educación.

Me gusta trabajar en este circuito pero normalmente mi lugar está en el under, que es donde aparecen las cosas nuevas. Pero estoy contenta con la experiencia, y si bien lamento que se acabaron los ensayos quiero ver la respuesta del público. Los actores también necesitan la reacción de los espectadores.

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