En una camilla, Emily Sagalis observa de la mano de su marido a su hija recién nacida, Beatriz, a la que alumbró en una iglesia tras ser arrastrada por las olas.
Tacloban - Horas después de que el tifón Haiyan se llevara su casa y su madre, la joven filipina Emily Sagalis lloró de alegría ayer cuando dio a luz a su niña en un centro médico improvisado. La madre alumbró en un colchón, rodeada de trozos de madera, vidrios y metal barridos por el tifón, en el aeropuerto de Tacloban, destruido y transformado en centro de atención médica. "Qué guapa es. La voy a llamar Bea Joy, en honor a mi madre Beatriz", dijo con un hilo de voz Sagalis, de 21 años. A su lado, su marido Jobert, sujeta a la recién nacida. Jobert explica que la primera ola los arrastró. En sólo un momento, la zona se convirtió en un amasijo de cascotes y cadáveres de personas y animales.
El médico que la atendió advirtió, sin embargo, del alto riesgo de infecciones, a falta de poder esterilizar los materiales. "La madre sigue en peligro. Tenemos que darle antibióticos por vía intravenosa, pero por desgracia ayer se nos terminaron".
Agencia AFP
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