Un órgano invalorable expuesto a la destrucción

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El 25 de mayo pasado, mientras en la Basílica de Luján se desarrollaba el Te Deum del Bicentenario, ni los centenares de personas allí reunidas ni quienes lo veían por televisión sabían que sobre la cabeza de la presidente Cristina de Kirchner, el gabinete nacional, los granaderos y la mismísima Virgen, se encontraba un tesoro de valor incalculable en un estado penoso y (lo que es peor) con un serio peligro inminente.

Se trata del órgano construido en 1908 por el atelier francés de órganos más célebre del siglo XIX y uno de los más prestigiosas del mundo: A. Cavaillé-Coll. Si bien la Argentina cuenta con numerosos instrumentos de esta firma realizados por Aristide, el fundador, o por su sucesor Charles Mutin, ninguno cuenta con las dimensiones del de Luján, que posee 3 manuales, pedalera y 50 registros (juegos de tubos con distintos timbres), que además se encuentra en su constitución original, lo cual le otorga un valor incalculable como obra de arte.

Pero el magnífico Cavaillé-Coll perdió su voz hace muchos años, y hoy, lejos de estar buscándose recursos para volver a hacerlo funcionar, se ignora que un gran peligro se cierne sobre esta maravilla: pronto comenzarán tareas de restauración del interior de la Basílica, que pueden perjudicar irreparablemente los tubos, la boiserie, la mecánica interna y la consola del órgano por ingreso de agua, polvo y trozos de mampostería, como los que ya decoran los teclados que nadie se preocupó por cubrir.

Un grupo que reúne a algunos de los más destacados especialistas argentinos encabezado por los organistas Rafael Ferreyra (de la iglesia Metodista) y Ezequiel Menéndez se encuentra luchando para que el instrumento sea protegido, ante el hecho lamentable de que ninguna institución se haga cargo de él. Los organistas explicaron a este diario que la Dirección Nacional de Arquitectura, dependiente del Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, es la que debería tomar los recaudos respecto del órgano, cubriéndolo antes de las obras que están a punto de iniciar.

El martes último, en Washington, Menéndez llevó esta preocupación a la Convención Anual de la Liga Norteamericana de Organistas (American Guild of Organists), sonde disertó sobre éste y otros instrumentos históricos en la Argentina.

«El problema del órgano es que es de todos y es de nadie», afirman ambos organistas. Pero mientras aquí pocos todavía se hacen eco de la cuestión, importantes figuras del mundo de órgano tomaron cartas en el asunto. Es el caso del alemán Gerhard Genzing, uno de los más prestigiosos organeros y presidente de la Sociedad Internacional de Constructores de Órganos, quien dio a conocer en enero de este año un informe que, entre otros conceptos, expresa la necesidad de «protegerlo contra cualquier intervención no profesional y de peligros de abandono y otros [...]» y de encarar luego una restauración hecha íntegra y únicamente «a través de profesionales experimentados [...] honestos y de credibilidad». Las fotografías son más que elocuentes. El Cavaillé-Coll de la Basílica de Luján parece venir salvándose por un milagro de la Virgen, pero evidentemente necesita algo más que esa protección.

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