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Un partido distinto
La misma foto, 140 años después. Con vestimenta de la época y 18 jugadores de cada lado, se rememoró el primer partido de la historia.
El cambio de isla pareció quedar marcado en el reloj ya que dos equipos de 18 jugadores repitieron el partido que el 14 de mayo, pero de 1870, jugaron dos equipos de la ciudad de Nelson. En los jardines botánicos de una ciudad enmarcada entre verdes cerros y el azul penetrante del mar, y a metros del centro geográfico del país, todo volvió al pasado.
Fue un día de esos que sólo una Copa del Mundo, y en este país, pueden dar.
El Nelson Rugby Football Club queda a pasos del Trafalgar Park, donde esa noche jugaron Italia y Rusia por la Rugby World Cup. Fue ese club y su socio Charles Monro quien arrancó con el rugby en el país. Había regresado de estudiar en Inglaterra con un fuerte amor por el rugby, un libro de reglas y una pelota.
Lo introdujo en su ciudad y durante unos meses, dos equipos se prepararon para aquel acto iniciático: su club y su ex colegio el Nelson College. Fue un acto que cambiaría la psiquis de un país, su modo de vida. A diferencia de la gran mayoría de los países, nosotros tenemos un padre fundador, cuenta Higgy, el gerente del club mientras atiende la barra.
El partido original fue contra el colegio local y cautivó a los locales al punto que pronto se fue multiplicando en todo el país. Y con el correr de los años se convirtió en un modo de vida para sus habitantes. Nacieron a principios del 1900 los All Blacks y su magia se fue multiplicando año a año. Se jugó aquí el primer Mundial y cuando el séptimo volvió, una de las once sedes fue Nelson. Para su primer partido mundialista, la ciudad se vistió de fiesta y armó un evento único.
Dos equipos de 18 jugadores, vestidos a la usanza de 1870, con una pelota mas redonda que ovalada y con las reglas de entonces, para lo que los 36 jugadores practicaron un par de meses, se enfrentaron en el mismo lugar que aquel partido.
Comenzó así un partido que fue controlado, como era entonces, por un señor de sombrero usando un bastón.
Quien tomaba el balón enseguida buscaba el contacto e instantáneamente se formaba una formación casi estática que tenía a 14 de los jugadores empujando casi de pie. Al salir el balón, enseguida venía el kick que al tomar la defensa de aire cantaba mark y eso permitía patear un drop. Prohibido estaba patear las canillas, algo que en esa época se permitía según el referí.
A diferencia de aquel primer partido de la historia, jugado ante 200 espectadores, ésta vez había visitantes de varios países del mundo y hasta el presidente del IRB, el francés Bernard Lapasset. Entre los casi cinco mil espectadores hubo cientos vestidos con ropa de aquella época agregándole color un evento de por sí interesante.
Marcando el deporte que fue y comparándolo con el que se juega hoy, los cambios son muchos. Demasiados y todos positivos se podría decir. Claro que nadie en aquella mañana de hace 140 años pensaba en lo que vendría.
Podríamos hablar de cómo crecieron países que hace unos años no eran tenidos en cuenta para el rugby internacional o las razones del éxito de este Mundial que viene con un gran viento de cola y una gran recepción local e internacional. Pero después de haber vivido y disfrutado una recreación de lo que era el rugby cuando recién arrancaba, prefiero reflexionar sobre cuánto camino ha recorrido este deporte. Cuánto mejor es hoy que ayer y cuánto mejor puede ser. El crecimiento de los países pequeños es un buen indicio de que todo va por buen camino.


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