31 de agosto 2010 - 00:00

Un Prior más abstracto y menos irónico en el Malba

Una de las pinturas de «Un verde pensar bajo una sombra verde», la muestra de 21 obras de Alfredo Prior, en las que el artista ha trabajado en torno al color y sus diversos modos de disolución.
Una de las pinturas de «Un verde pensar bajo una sombra verde», la muestra de 21 obras de Alfredo Prior, en las que el artista ha trabajado en torno al color y sus diversos modos de disolución.
El 9 de septiembre se inaugura «Un verde pensar bajo una sombra verde» con obras recientes de Alfredo Prior, en la Sala 3, del Malba. El título de la muestra -que consta de veintiún obras en las que el artista ha trabajado en torno al color y sus diversos modos de disolución- cita un verso del poema «El jardín» de Andrew Marvell, poeta metafísico que fue también político parlamentario inglés del siglo XVII. Prior cree, como Marcel Duchamp, que los títulos deben ser un color más, pero también «una música de fondo (de ojos)», y que, además, operan como generadores de imágenes y de resoluciones conceptuales.

Desde su primera exhibición individual, realizada en 1970, Prior ha desarrollado una larga y reconocida trayectoria. Artista interesado por mitos y tradiciones antiguos tanto como por leyendas contemporáneas y los episodios históricos, sin olvidar, entre aquellas y éstos lo que atañe al arte, a su evolución, a sus formas y modos.

En su temprana serie «Los Conejos y los Osos» acudía a la intromisión intempestiva de estos personajes de la iconografía infantil contrastándolos con el tratamiento del resto de la superficie de las telas.

Prior ha reflexionado sobre los arquetipos convencionales de hoy. En «King Kong» presentó una especie de selva que cubría la tela, con reminiscencias de las escrituras gestuales de Pollock. En otra línea discursiva, reformuló la pintura histórica, un género vinculado a un período específico de las artes. Un reformulación que reconocía el antecedente del «Retrato de George Washington», que hizo Duchamp en 1943, por encargo, para una tapa de la revista «Vogue».

Para sus «discos napoleónicos», Prior eligió el personaje arquetípico de Napoleón Bonaparte, cuya silueta desplazó en los discos sobre un fondo pictórico considerable, que reunía a David, Ingres, Gros, Goya, Constable, Turner y Géricault, entre otros. Tuvo en cuenta, también, el significado de Napoleón como representación popular de la locura, y la tesis -de origen romántico- que equipara al artista y al poeta con un individuo que roza la zona obscura de lo oculto y lo enigmático. En ellos desfilan los fusileros goyescos, las bolas de nieve en cada punta de fusil, mediante las cuales se alude a la desastrosa guerra con Rusia; los mapas de Europa, ese territorio que el Emperador tuvo en un puño durante diez años; la campaña de Egipto, con la esfinge de rasgos napoleónicos; y otros episodios de la intensa carrera de Bonaparte. Con sus apropiaciones o citas temáticas propuso una ficción de resurrección histórica, una realidad a la que el artista ha respondido con imaginación desbordante.

Otra serie singular de Prior fue «Cuentos chinos», que aludía a los componentes orientales de las obras pero también a la acepción popular de «cuento chino», como mentira, engaño, disparate, que comportan sus trabajos. En este caso la referencia no era histórica sino geográfico-cultural: una falsa China, en la que convergían todos los lugares comunes que en Occidente definen al Oriente. Una China entrelazada con otras iconografías, coreanas, indias, japonesas, vietnamitas, tibetanas.

El arte de Prior ha asociado en la misma obra figuras y mitos, leyendas y sueños, ideas y convenciones, llevando a reconocer en sus propuestas una dinámica entrecruzada de mensajes. Sus obras sugieren un juego cíclico de imágenes cuya densidad genera una organización de signos en la cual el sentido se desplaza entre las intersecciones de lo histórico y lo fabulístico.

A los temas de la historia y el exotismo, Prior sumó el tratamiento de la creación artística y el carácter autorreferencial del arte en nuestro tiempo. Por ello, sus propuestas obedecen a un sistema manifiesto que tiene sus raíces en la circularidad de los mensajes. El discurso se disemina en superficie y en profundidad, a lo ancho y lo alto, pero siempre retorna al punto de partida, en una circularidad que recrea y crece porque también es punto de llegada.

Sus propuestas artísticas han planteado que a lo largo de toda la historia del arte, los mitos se han leído de diferentes maneras, y que además se puede hacer una lectura infinita de la historia del arte. Prior ha abordado y transfigurado su neoconceptualismo en distintas opciones del discurso artístico, y ha sostenido «Yo hablo de la pintura, que es lo que más me gusta».

En su texto crítico para la muestra en el Malba, Eva Grinstein escribió: «Prior, el pintor narrativo, el artista conceptual, el autodefinido neomanierista, reluce ahora más abstracto que nunca. La obra morigera su pasión por las referencias y su tendencia irónica.»

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