23 de octubre 2012 - 00:24

Un retrato del peronismo no K, el objetivo tras el 8-N

De Moyano a De la Sota y de De Narváez a Rodríguez Saá

José M. de la Sota, Jesús Cariglino, Francisco de Narváez
José M. de la Sota, Jesús Cariglino, Francisco de Narváez
Las fotos, como las charlas, hasta ahora fueron fragmentarias: Hugo Moyano con Mauricio Macri o José Manuel de la Sota con Francisco de Narváez y Jesús Cariglino. Flashes y citas que mixturan a, entre otros, Alberto Rodríguez Saá y el matrimonio Luis Barrionuevo-Graciela Camaño.

Por varias vías, sin un esquema definido, se multiplican las conversaciones para hacer confluir, antes de fin de año, a los sectores, preferentemente peronistas, enfrentados con la Casa Rosada. El intento obtuvo, a priori, el guiño genérico de los involucrados.

El momento y el formato están en veremos. La postal de Moyano y Macri ayer asoma como un anticipo, aunque el jefe de Gobierno es, según admite el peronismo anti-K, el menos proclive a «apurar» la conformación, siquiera virtual, de un bloque antigobierno.

Aun con matices, De la Sota, Moyano, De Narváez, Cariglino, Rodríguez Saá, Camaño y Gerónimo «Momo» Venegas, entre otros, coinciden en que antes de fin de año, el PJ disidente debe explicitar su «voluntad» de conformar un bloque que se muestre como opción ante la Casa Rosada.

A grandes rasgos, en las conversaciones cruzadas, aparecen tres conceptos: 

  • La idea, arraigada en el ADN del PJ, que sólo un espacio peronista -o filoperonista- puede vencer a un Gobierno identificado con el peronismo. Citan, para darle rigor científico al dictamen, que en la provincia de Buenos Aires el 70% de los electores sistemáticamente vota variables peronistas. Se suman, además, cuestiones logísticas: por ejemplo, que el sindicalismo es el único sector que puede aportar la estructura para garantizar la elección para lo cual se necesitan «100 mil fiscales». Ahí aparecen Moyano, Venegas y Barrionuevo, aunque, claro, cada uno querrá jugar en el eventual reparto de casilleros de las listas compartidas. 

  • El convencimiento de que la provincia de Buenos Aires será el escenario central de la disputa a partir de que, en los demás distritos de peso electoral, el kirchnerismo aparece relegado y con chances de perder: Córdoba, Santa Fe, Mendoza y Capital. «Sólo lo salva ganar la elección en la provincia de Buenos Aires», aseguran. Agregan a esa lectura que Cristina de Kirchner hará lo «imposible» por garantizarse un triunfo sin el cual transitar hasta 2015 sería, en el razonamiento de los anti-K, cuesta arriba

  • Acelerada la disputa de 2013, con fecha para inscribir alianzas en mayo del año próximo, y la potencial irrupción de un acuerdo entre el FAP y la UCR -o un fragmento de la UCR-, los peronistas no K plantean que la legislativa repetirá un esquema de polarización. Por eso, sostienen, «cuanto antes» deben dan una señal de voluntad de competencia para aparecer como la oferta más potente contra el Gobierno.

    La polarización estará, además, magnificada por las primarias: el partido opositor que salga mejor parado de las elecciones de agosto podría, beneficiado por el voto anti-K, crecer para las generales de octubre.

    Post 8-N

    La secuencia se detiene, como paso previo, en el 8-N: el cacerolazo puede incidir, según su dimensión, para potenciar el acercamiento entre los dirigentes del peronismo anti-K y, sobre todo, quebrar la resistencia de Macri, que quiere patear la definición para mayo.

    El porteño orejea. Después de derrumbarse la opción de Gabriela Michetti como candidata bonaerense, evalúa, como una alternativa, directamente no meterse en la elección de la provincia para recluirse, como lo hizo en 2011, en la Capital Federal.

    La potencial irrupción de un frente del peronismo anti-K puede quebrar esa negativa. Por su lado, Moyano agrega a la mesa a otros dos dirigentes: Daniel Scioli y Sergio Massa, a quienes cree que podrían sumar a un esquema futuro. Sobre Felipe Solá hay miradas distintas, aunque el exgobernador niega poder volver a coincidir con Macri y De Narváez.

    No es una mirada compartida. Venegas, Cariglino, Camaño y De Narváez, entre otros, advierten que tanto el gobernador como el intendente de Tigre no jugarán el año próximo y que, de hacerlo, lo harán como parte del dispositivo electoral del kirchnerismo.

    Aquel sector coincide en advertir que esperar a que Scioli o Massa peguen el salto -un dirigente del PJ del interior los denominó «los Alais del peronismo»- es «perder tiempo» que podría utilizarse para impulsar un espacio y candidatos opositores.

    Aparecen, segmentadas, otras precondiciones. Una de ellas es no precipitar en 2013 la cuestión de las candidaturas de 2015. Fue una de las cláusulas que puso Macri y como no fue aceptada, hizo naufragar una conversación incipiente con De Narváez. De la Sota es uno de los que se niegan, por caso, a aceptar compartir un espacio donde esté predefinido el respaldo al porteño. El cordobés quiere, se sabe, jugar su patriada 2015.

    La otra es plantear, al menos como esquema inicial, la propuesta de definir las postulaciones del año próximo en las primarias abiertas previstas para agosto y no mediante un acuerdo de dirigentes
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