Por varias vías, sin un esquema definido, se multiplican las conversaciones para hacer confluir, antes de fin de año, a los sectores, preferentemente peronistas, enfrentados con la Casa Rosada. El intento obtuvo, a priori, el guiño genérico de los involucrados.
El momento y el formato están en veremos. La postal de Moyano y Macri ayer asoma como un anticipo, aunque el jefe de Gobierno es, según admite el peronismo anti-K, el menos proclive a «apurar» la conformación, siquiera virtual, de un bloque antigobierno.
Aun con matices, De la Sota, Moyano, De Narváez, Cariglino, Rodríguez Saá, Camaño y Gerónimo «Momo» Venegas, entre otros, coinciden en que antes de fin de año, el PJ disidente debe explicitar su «voluntad» de conformar un bloque que se muestre como opción ante la Casa Rosada.
A grandes rasgos, en las conversaciones cruzadas, aparecen tres conceptos:
La polarización estará, además, magnificada por las primarias: el partido opositor que salga mejor parado de las elecciones de agosto podría, beneficiado por el voto anti-K, crecer para las generales de octubre.
Post 8-N
La secuencia se detiene, como paso previo, en el 8-N: el cacerolazo puede incidir, según su dimensión, para potenciar el acercamiento entre los dirigentes del peronismo anti-K y, sobre todo, quebrar la resistencia de Macri, que quiere patear la definición para mayo.
El porteño orejea. Después de derrumbarse la opción de Gabriela Michetti como candidata bonaerense, evalúa, como una alternativa, directamente no meterse en la elección de la provincia para recluirse, como lo hizo en 2011, en la Capital Federal.
La potencial irrupción de un frente del peronismo anti-K puede quebrar esa negativa. Por su lado, Moyano agrega a la mesa a otros dos dirigentes: Daniel Scioli y Sergio Massa, a quienes cree que podrían sumar a un esquema futuro. Sobre Felipe Solá hay miradas distintas, aunque el exgobernador niega poder volver a coincidir con Macri y De Narváez.
No es una mirada compartida. Venegas, Cariglino, Camaño y De Narváez, entre otros, advierten que tanto el gobernador como el intendente de Tigre no jugarán el año próximo y que, de hacerlo, lo harán como parte del dispositivo electoral del kirchnerismo.
Aquel sector coincide en advertir que esperar a que Scioli o Massa peguen el salto -un dirigente del PJ del interior los denominó «los Alais del peronismo»- es «perder tiempo» que podría utilizarse para impulsar un espacio y candidatos opositores.
Aparecen, segmentadas, otras precondiciones. Una de ellas es no precipitar en 2013 la cuestión de las candidaturas de 2015. Fue una de las cláusulas que puso Macri y como no fue aceptada, hizo naufragar una conversación incipiente con De Narváez. De la Sota es uno de los que se niegan, por caso, a aceptar compartir un espacio donde esté predefinido el respaldo al porteño. El cordobés quiere, se sabe, jugar su patriada 2015.
La otra es plantear, al menos como esquema inicial, la propuesta de definir las postulaciones del año próximo en las primarias abiertas previstas para agosto y no mediante un acuerdo de dirigentes.


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