La obra ("Design for living") se estrenó en Broadway en 1933, tras haber sido objetada por la censura británica. Recién en 1939 se dio a conocer en Londres. La versión que adaptó Jorge Schussheim (y redujo a una hora y media de duración) tiene por protagonistas a Inés Estevez, Alberto Ajaka y Marco Antonio Caponi. La escenografía pertenece a Tito Egurza y el vestuario a Renata Schussheim. Dialogamos con Jelin.
Periodista: La obra original dura más de tres horas ¿Qué criterio siguió para la adaptación?
Lía Jelín: Tuvimos en cuenta que es una comedia muy inglesa, como "La importancia de llamarse Ernesto" de Oscar Wilde, y que el propio Coward vivía de esa manera. Era un bon vivant, siempre rodeado de artistas, que no ocultaba su homosexualidad. Era un autor muy prolífico y ganaba fortunas porque en dos meses escribía una obra. Y como en esa época no había televisión y el cine sonoro recién comenzaba, sus personajes hablaban mucho y daban muchas explicaciones. Pero ahora que estamos en la era del zapping, nadie tiene la paciencia de escuchar algo que ya sabe. Pero la obra sigue inquietando porque defiende el amor libre para todos los géneros. Es una pareja de hombres que aman y son amados por una mujer.
P.: Homosexualidad, bisexualidad... Son temas ya muy frecuentados en las tiras televisivas.
L.J.: Por eso me interesó recuperar ese mundo sofisticado e ingenioso que describe Coward, sin correrlo de época. Podemos aggiornar una obra de Shakespeare pero, en un país donde nadie sabe quién es Noel Coward, ni oyó hablar de "Estilo de vida"- a lo sumo hace treinta años se hacía "Vidas privadas"-, y donde ya no se hace este tipo de comedia, liviana y brillante, no tiene sentido aggiornar la acción. También decidimos no hacer intervalo durante los cambios de escenografía. Como separadores, entre acto y acto, utilizamos diapositivas con datos de época e imágenes que muestran lo que la obra no dice. Dan Breitman, hace de telonero como en las viejas revistas de las cuales yo fui bailarina, y presenta la obra como si fuese una película de los años '30, absolutamente art deco.
P.: ¿Cómo es el circuito amoroso de los protagonistas?
L.J.: Ella vive aferrada al éxito de estos hombres y al mismo tiempo los abandona cada tanto por su afán de querer realizarse profesionalmente. Pese a sus idas y vueltas hay mucha complicidad entre los tres. Ella ama a los dos, ellos la aman a ella y a su vez son una pareja. En el primer acto, Gilda vive en París con el pintor Claude (Caponi) y son más pobres que una rata. Luego, Gilda vuelve con Leo, su anterior amante, y juntos se instalan en Londres donde él triunfa como autor. Luego, ella se va a Nueeva York con un marchand amigo de los tres (Fabián Arenillas) y ambos viven en un piso 30 de un lujo descomunal, hasta que estos dos sátrapas van a buscarla porque no pueden vivir sin ella. Gilda finalmente les dice: "me rindo, me rindo pensé que nunca iban a venir".
P.: ¿Qué otro cambio hizo en la obra?
L.J.: Una mucama que anda por ahí dando vueltas, ahora está en manos de Breitman. Y además él tiene un tercer personaje: la millonaria Grace Abercrombie. Yo tomé como referentes la película de Wes Anderson "El gran hotel Budapest" y "Una Eva y dos adanes". Ambas tienen ese toque de realismo un poco girado al absurdo que yo quería dar. Me propuse que la puesta tuviera vuelo. Y a Inés, para no presionarla, la conduje hacia una especie de Katherine Herpburn en "La adorable revoltosa". Hay momentos de la obra que tiene ese espíritu alocado. El período de entreguerras fue muy innovador y creativo, con gente como Picasso y Dalí. Era una época efervescente, de traspasar límites y celebrar la vida. No hay mucho chiste de reírse a carcajadas, es un humor más irónico.
| Entrevista de Patricia Espinosa |


Dejá tu comentario