28 de junio 2013 - 00:00

Una aproximación al armado massista

Sergio Massa
Sergio Massa
- ¿Vas a ser candidato?

- No sé.

- ¿Cómo no vas a saber? -dijo, con un rictus de fastidio, Hugo Moyano-.

- Te juro que no lo sé, Hugo, no lo sé.

- Escuchame: yo te propongo que nos juntemos todos los peronistas: vos, Scioli, De la Sota, yo, De Narváez, todos para ganarle a Cristina. Después vemos.

- A mí no me sirve -se puso serio Sergio Massa.

- ¿Por qué? ¿Cuál es el problema?

- Que eso le conviene a Daniel.

- Pero eso después se ve. Primero hay que ganar.

- Hugo, eso es todo para Scioli -insistió Massa-.

Moyano sonrió apenas y bufó.

- Pero Sergio ¿cuál es el problema de que tengas que pelear contra Scioli? No me vas a decir que no te tenés confianza para ganarle a Scioli -lo toreó-.

Massa pronunció un "no" agudo y largó la carcajada. La charla siguió un rato pero se había terminado en esa frase. Al salir, ya en el auto, el camionero se descargó con sus acompañantes.

- Éste se cree Peroncito...

- No, Hugo, no nos quiere. Eso pasa, Massa no nos quiere -lo corrigió un ladero-.

El encuentro ocurrió a fines de mayo, el miércoles 29, y fue el último intento que, en persona, el camionero encaró para sellar una alianza con el tigrense. Ahí Massa le pasó una factura retroactiva por apurarse a acordar con Francisco de Narváez y, además, le hizo sentir su prioridad con otras escuderías gremiales, la de Luis Barrionuevo y Carlos West Ocampo, enemistados con el camionero.

Barrionuevo "cobró un diputado provincial, el estacionero Carlos Acuña, y West Ocampo uno nacional, Héctor Daer de Sanidad. El toque mágico de Massa fue insertar a Fabián Alessandrini, dirigente de la CTA zona norte, que le generó una crisis a Hugo Yasky.

Barrionuevo y su mujer, Graciela Camaño, forman parte del protomassismo. Lo cobijaron en los 90 y ahora la diputada armó un partido, oportunamente llamado Tercera Posición, para que le sirva de instrumento electoral a su ahijado político.

Otro que aportó un sello fue Alberto Roberti, de los Petroleros Privados, que compró el partido Unión Popular -que en 2009 usó De Narváez y en 2011 Eduardo Duhalde- y colocó a su esposa, Mónica López, como diputada provincial.

Así y todo, el primer anillo del candidato del Frente Renovador lo integran, además de su mujer Malena, un scrum de intendentes entre los que figuran Joaquín de la Torre (que lanzó su propio grupo llamado MOREPE), José Eseverri de Olavarría y Gilberto Alegre de General Villegas, presentes en el grupo de los Ocho al que Kirchner, tres meses antes de morir, fue a visitar a Tigre.

- ¡Qué mal estamos, Néstor! -le prepeó Alegre-.

- Mirá si estaremos mal que me vine hasta acá a hablar con ustedes -respondió el patagónico, mordaz-.

En la mesa estaban, aquel día de julio de 2010, otros dos armadores silenciosos del massismo: Juan Amondarain, que se convirtió en apoderado y filoso operador, y Dámaso Larraburu, exdiputado nacional, ducho en espadeos y cierres, que a modo de certificación de su pertenencia massista firmó en un lugar simbólico de la lista de diputados nacional: el último casillero, el 35, al igual que Moyano en la tira de De Narváez.

Otra de las figuras que se movieron silenciosamente junto a Massa fue Juan José Álvarez, "Juanjo", que supo operar como nexo entre Kirchner y el tigrense en tiempos de tensiones. El marplatense Juan Garivoto aportó su cuota al igual que Osvaldo Mércuri, que incluyó a su mujer Elena Torresi en la Tercera, y Sergio "Chino" Villordo que va en la papeleta del conurbano sur.

En el conurbano norte, uno de los primeros dirigentes que agitaron la bandera de Massa fue Jorge D'Onofrio, senador que busca su reelección. Diez días antes de la inscripción de candidatos, se acopló Jesús Cariglino, intendente de Malvinas Argentinas, que abandonó de un portazo las conversaciones con De Narváez. "Con este tipo no se puede hablar", se despidió.

Con todos ellos Massa cumplió por perdurar a su lado en épocas de devaneos y dudas. Lo mismo hizo con Felipe Solá al que convocó el año pasado cuando el tigrense se movía en la espesura de un limbo cómodo donde nadie lo atacaba.

En una segunda ola de massistas aparecieron Gabriel Katopodis, intendente de San Martín -luego figura central en ciertas negociaciones-, Humberto Zúccaro de Pilar y Sandro Guzmán de Escobar, este último de estrechísima relación con Julio De Vido, todos reacios a romper con Olivos. En el spring final, entró Darío Giustozzi, de Almirante Brown, de relación aceitada con Florencio Randazzo, que decidió avanzar en un acuerdo con Massa ante lo que consideró un destrato de la Casa Rosada.

La rama radical tiene dos vertientes: Gustavo Posse, que entró como parte del paquete del macrismo, y puso a su mano derecha, Roberto Costa como senador por la Cuarta, y Mario Meoni, de Junín, que hasta 72 horas antes del cierre, mantenía su acuerdo con el frente del FAP y la UCR. El plus con el PRO, hablado con Mauricio Macri derivó en la sesión de tres escaños "a salir" en la boleta nacional.

Pablo Ibáñez

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