20 de septiembre 2018 - 22:43

“Una comedia puede hablar de temas serios”

• DIÁLOGO CON JUAN VERA SOBRE SU ÓPERA PRIMA QUE SE PROYECTA AL MUNDO
Productor y guionista de éxitos masivos, al fin dio el paso y se puso tras las cámaras como realizador con el film “El amor menos pensado”, que se exhibe con éxito en el país y que abrirá mañana el festival de San Sebastián.

Juan Vera. “Sentí esta vez, como Billy Wilder, que no tenía ganas de darle a otro director lo que yo había escrito. Era algo más personal, estaba más atravesado que otras veces por lo que vivían mis personajes”.
Juan Vera. “Sentí esta vez, como Billy Wilder, que no tenía ganas de darle a otro director lo que yo había escrito. Era algo más personal, estaba más atravesado que otras veces por lo que vivían mis personajes”.
Una oficina sencilla. Sobre la mesa, cuatro guiones ajenos que debe estudiar ("a ver si hay una película") y la novela "Moby Dick", que está releyendo. En las paredes, un afiche de "El bonaerense" y la crítica encuadrada de alguien que por única vez escribió bien de una película suya. Tres pisos más abajo, la entrada también sencilla de Patagonik Films. Ese es el reino de Juan Vera, productor y ocasional guionista de grandes éxitos de público, y ahora también director. Su opera prima, "El amor menos pensado", es uno de los éxitos del año, abre mañana el Festival de San Sebastián, se está vendiendo bien en el exterior, y ya tiene fecha de estreno inmediato en Francia y España. Dialogamos con él:

Periodista: Usted lleva casi 40 años en la producción, escribió por lo menos cuatro guiones formidables, ¿qué lo decidió a probarse también como director?

Juan Vera: Billy Wilder decía que se hizo director porque detestaba ver cómo los directores le arruinaban los guiones. No me pasó eso, al contrario, pero sentí que esta vez no tenía ganas de darle a otro lo que yo había escrito. Era algo más personal, estaba más atravesado que otras veces por lo que vivían mis personajes. Además quería hacer eso, una comedia generacional muy dialogada y especialmente pensada para Ricardo Darín y Mercedes Morán.

P.: ¿Les había echado el ojo ya cuando le tocó ser jefe de producción en "Luna de Avellaneda"?

J. V.: Sí, y siempre me preguntaba cómo es que nunca más habían vuelto a trabajar juntos. Esta es una comedia, diría, existencial, con preguntas que un matrimonio no puede responder, porque en la pareja no hay ningún problema, el problema es de cada uno. Y está, con personajes más cultivados, lo que en "2 + 2" era indagado de manera picaresca: cómo hacer para renovar el deseo. A partir de ahí, cada espectador puede entender como quiera, incluso me dijeron de gente que tiene miedo de ver la película porque podría poner en crisis su relación.

P.: Siempre hay gente rara. Es muy linda la pregunta del padre, "¿Para qué te separaste?", en vez de "¿Por qué te separaste?"

J. V.: Escribí eso y me dije "este personaje es para Norman Briski". Me pareció lindo verlo con Darin como padre e hijo, encima tienen el mismo color de ojos, y para mí son los dos mejores actores del cine argentino de los últimos años. ¡Y nunca habían trabajado juntos! La parte de Briski es como un unipersonal y a la vez tiene esa cosa de intimidad, de charla entre padre e hijo, los técnicos estaban encandilados. La filmé toda en plano general, completa duraba 9 minutos, desarrollando un poco más el tema de la soledad. Después la edité.

P.: ¿Cortó también alguna escena que haya filmado?

J. V.: No, está todo, salvo una que escribí pero no filmé, donde Darin iba a la doctora por un dolor de rodillas.

P.: El director René Mugica decía "la vejez empieza por las rodillas".

J. V.: Exacto, y a mí me duelen porque de joven, en vez de atender una recomendación médica, me fui al carnaval de Bahía. ¿Pero quién me quita lo bailado?

P.: A propósito, su obra nos ha revelado qué cosa une a Stalin y Cleopatra con Guido Kaczka.

J. V.: Ja, no sé cómo lo habrá tomado. Lo puse porque sonaba gracioso, la disrupción provoca gracia. Como la mención al libro de Friedrich Engels "El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado". Es un título curioso, ¡y pone a Engels en una película mainstream! Aparte, en ese caso, nos permitía dar a entender algo sobre la formación cultural de los personajes. También hay una mención a Pascal.

P.: Y un párrafo de Herman Melville...

J. V.: Eso no estaba. Había pensado una introducción donde Darín le cuenta su historia a otra persona, en una plaza donde está esperando a alguien. Un día desperté, no sé qué me vino a la cabeza, que me llevó a releer el comienzo de "Moby Dick", y ahí vi las palabras justas, con eso de querer salir un poquito a mar abierto y demás cosas que cualquiera puede sentir en un matrimonio. Y lo puse al actor con ese texto mirando a cámara. También Mercedes Morán dice algo a cámara en cierto momento. Escribí luego otros textos, pero al final no los ví necesarios. Quizá no lo supe hacer bien.

P.: Qué difícil, ver si lo que uno ha escrito es realmente adecuado...

J. V.: Pero qué hermoso cuando los actores se apropian de lo que uno ha escrito, lo transforman, y suena mejor sin siquiera haberles cambiado una coma. Son mis palabras, y a la vez ya no son mías. He tenido un gran elenco, por suerte.

P.: Y un gran equipo.

J. V.: El rodaje fue un placer. Toda gente muy capaz. Daniel Cuparo, mi coguionista también en "2 + 2" e "Igualita a mi" (donde además estaba mi hermano Mariano, que escribe muy bien), Juan Lovece, director de producción, gracias al cual toco el cielo con las manos porque ya no necesito ocuparme de la parte ingrata de los presupuestos y otras minucias de administración, Rodrigo Pulpeiro, director de fotografía, Fabi Tiscornia, la número uno como asistente de dirección, y Mercedes Alfonsín, una de las mejores directoras de arte que pueda haber. Y que, además, es mi mujer desde hace ya 18 años. Todas las escenas del departamento son hechas en un decorado, con los fondos proyectados en vivo, como un ciclorama gigante, un trabajo admirable, y con ese arpón como algo más difícil de quitar de lo que la pareja cree, y que funciona como un símbolo del propio matrimonio. Todo muy bonito, como el dulce que envuelve la píldora, porque una comedia puede hablar de temas serios, con melancolía, o con cinismo, gracias a que está envuelta por una sustancia dulce.

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