• Talleres de Córdoba descendió al Argentino A y está en quiebra
Tiempos felices. Un equipo con muchas estrellas (arriba); La realidad actual. Empató el sábado con Quilmes y bajó al Argentino A. La campaña de la temporada 07/08 le pasó factura y se fue por promedio, a pesar de marchar noveno en la tabla.(abajo)
Hace menos de diez años Talleres de Córdoba festejaba la Copa Conmebol, el único torneo internacional de su historia, pero paralelamente empezaba una suma de vaciamientos y crisis que lo llevaron a tocar fondo. Una historia con quiebra, órgano fiduciario y gerenciadores, muy parecida a la del Racing de Avellaneda, pero aún mucho más caótica.
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Talleres, el club más ganador de Córdoba, que consiguió la liga cordobesa 27 veces, el que revolucionó el fútbol del interior obligando a la AFA a hacer una ley (la famosa 1309) para darle cabida en sus torneos en 1980, el subcampeón Nacional de 1977 en aquella recordada final ante Independiente y que tuvo tres campeones del Mundo 1978 en su plantel, tendrá que jugar la próxima temporada en el Argentino A (tercera categoría de AFA) y puede perder su complejo deportivo, Casa Azul, al que el juez Carlos Tale le puso fecha de remate para el 4 de agosto. ¿Cómo se llegó a este estado y quiénes son los responsables? La historia nombra en primer término a Carlos Dosetti, quien fue presidente entre 1999 y 2004 y llegó autoproclamándose un nuevo Amadeo Nucetelli, legendario hombre fuerte del club que lo presidió durante casi 15 temporadas y contrató jugadores que estaban fuera del presupuesto. Así fue cómo se hizo famoso como «el rey de los cheques voladores».
Cuando renunció el 22 de octubre de 2004 el club tocaba fondo en lo financiero y su sucesor (Álvaro Díaz Cornejo) pidió la quiebra en dos meses. Lo que vino no fue mejor. El juez Carlos Tale nombró a un órgano fiduciario formado por tres personas; éstas le dieron la concesión del fútbol al grupo Atelliers que presidía el abogado santacruceño Carlos Granero, que después de vaciar el semillero (Javier Pastore es una prueba) vendió su empresa en enero de 2008 en 2 millones de pesos al enigmático empresario cordobés Carlos Ahumada Kurtz, que volvía de México luego de 32 años, donde había hecho una fortuna y también había estado detenido por «lavado de dinero» en el gerenciamiento del club Veracruz.
La concesión de Atelliers vence en junio y Ahumada quiere prorrogarla hasta 2014 y después del descenso declaró: «Talleres ni va a caer, ni va a morir, ni va a desaparecer». El técnico Roberto Saporiti (el mismo que fue subcampeón 1977) prometió llevarlo a Primera en dos años. Todos prometen, pero Talleres se sigue hundiendo.
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