2 de junio 2011 - 00:00

Una demora sugestiva

Lima - Desde la cárcel donde cumple condena a 25 años por violación de derechos humanos y corrupción, el expresidente Alberto Fujimori proyecta su sombra sobre la elección presidencial del domingo, cuando espera que su hija Keiko pueda convertirse en presidenta del Perú.

Fujimori tuvo una vertiginosa carrera política que lo llevó del anonimato a diez años de presidencia entre 1990 y 2000, en los que gobernó con mano dura, y de allí a prófugo y luego condenado a 25 años de prisión que cumple en una base policial al este de Lima.

Desde su encierro la figura del exmandatario planea sobre el proceso electoral, al punto que ayer, a cuatro días de los comicios, el Tribunal Constitucional programó una sesión a fin de tratar un hábeas corpus en su favor. Al final, el tribunal postergó el análisis del recurso con el fin de no enturbiar el proceso del domingo, según lo anunció su presidente Carlos Mesía.

Pero poner sobre la mesa el tema a pocos días de la elección fue calificado como «un hecho extraño» por Gisella Ortiz, familiar de una de las 25 víctimas asesinadas en dos matanzas en 1991 y 1992, por las que fue sentenciado Fujimori.

Agencia AFP

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