17 de septiembre 2012 - 00:00

Una derrota que desnudó las rencillas internas

Jaite observa el partido de Berlocq, con Del Potro y su cuerpo técnico sentados detrás de él. La relación del tandilense con el capitán y con el resto del grupo se tensó en esta serie.
Jaite observa el partido de Berlocq, con Del Potro y su cuerpo técnico sentados detrás de él. La relación del tandilense con el capitán y con el resto del grupo se tensó en esta serie.
Cae el sol en Villa Soldati. El cielo despejado que acompañó durante toda la jornada comienza lentamente a nublarse. Hasta se siente cierto fresco en el estadio Mary Terán de Weiss, a esta altura sólo poblado por la gente encargada de la limpieza. El público se marcha cabizbajo, dolido por una derrota de Argentina en su propia casa, después de seis años, ante el durísimo equipo checo. La desazón quizá no tenga tanto que ver con el resultado adverso, previsible a partir de la ausencia de Juan Martín del Potro para el decisivo cuarto punto de ayer ante Tomas Berdych. El sabor amargo que dejó esta serie pasa por el retroceso que se apreció en lo grupal.

Como no ocurría desde aquella final perdida en 2008 ante España, en Mar del Plata, cuando se fracturó la relación entre Nalbandian y Del Potro, las miserias personales volvieron a salir a la luz. En esta ocasión, el disparador fue la decisión de la Torre de Tandil de no disputar el cuarto punto frente a Berdych porque se resintió de la tendinitis en la muñeca izquierda y debieron inmovilizarle la zona por 10 días, tal como explicó el sábado el médico del equipo, Miguel Khoury, acompañado por Martín Jaite.

El as de espada argentino optó por el silencio y el hermetismo, una actitud recurrente, poco comprensible en una figura y líder de un equipo. Todo eso se incubó en un clima de tensión entre los protagonistas.

En esta serie ante República Checa se percibió cierta frialdad de Del Potro en el trato con sus compañeros. El lunes, en su primera práctica tras disputar el US Open, decidió reclutarse en Palermo, en el Tenis Club Argentino, con Franco Davín, su coach. Recién el miércoles se acopló a las prácticas en Parque Roca, aunque sólo peloteó con el sparring, Diego Schwartzman, lejos de donde se entrenaban Juan Mónaco y Leonardo Mayer. Ese día también le puso fin al misterio en torno a su participación, luego de varios días de especulaciones por doquier. A regañadientes, y por expreso pedido del capitán, acudió a la cena oficial, en Puerto Madero. Y eligió no ser parte ni del Kids Day ni de la foto oficial, algo que produjo malestar en algunos dirigentes de la AAT.

Ya en pleno desarrollo del duelo copero, mientras Pico batallaba con Berdych en el segundo single del viernes, Delpo lo observó un par de games y luego se marchó. Una actitud similar adoptó también el sábado en el dobles, al que también vio durante cinco games, en contraste con el apoyo constante que les brindó el resto del equipo. «Perdimos porque nuestro rival jugó mejor que nosotros, no porque no se armó un buen grupo», aclaró Jaite en conferencia de prensa, tras el triunfo de Mónaco ante Ivo Minar por 6-3 y 7-6 (2), que decoró el score 3-2, luego de la derrota de Berlocq ante Berdych (6-3, 6-4, 6-3), que había definido la serie en favor de los checos.

En aras de poner paños fríos ante tanta crispación, el ex top ten se mostró contrariado ante los silbidos que se escucharon para Del Potro cuando salía del estadio luego de la caída de Charly. «Me parecieron injustos. No me gustaron para nada, aunque entiendo que pueda haber gente que piensa otra cosa», señaló. En sintonía se pronunció Pico. «No hay que buscar problemas. De estas cosas podemos seguir aprendiendo si tiramos todos para adelante», aseguró. Y salió a bancar a su coterráneo. «Del Potro hizo lo que pudo. Tendrá sus motivos para haberse sumado recién el miércoles. No es bueno remover, sino mirar para adelante», ensayó, intentando hacer borrón y cuenta nueva. De algo no hay dudas: Argentina volvió a tropezar consigo misma, una costumbre que no cambia.

Dejá tu comentario