1 de octubre 2010 - 00:00

Una fiesta que no terminó con festejos

Una fiesta que no terminó con festejos
Con el 0,44% que perdió ayer el Dow al cerrar en 10.788,05 puntos, contabilizamos para las últimas siete ruedas cinco de ellas que terminaron en baja. Difícilmente esto dé la idea un escenario alcista; sin embargo, el hecho de terminar septiembre con una suba del 7,72% relativiza la falta de entusiasmo, especialmente la de las últimas jornadas. Decimos falta de entusiasmo porque el volumen operado en estos 30 días fue el más bajo desde diciembre de 2007. A pesar de ello, el Promedio Industrial, el NASDAQ, el S&P500 y el Russell 2000 pasaron todos a quedar del lado ganador para lo que va de 2010, aunque salvo el Russell, que gana más del 8%, no fuera por demasiado (el Dow gana un 3,6%). Para los que gustan de las estadísticas puede resultarles interesante que desde 1942 cuando el resultado acumulado del Dow a septiembre fue ganador (como es este caso), el 71% de las veces terminó el año de la misma manera.

A pesar de la mejora de las acciones, la suba más llamativa de los últimos nueves meses fue la del precio del oro, que si bien ayer retrocedió ligeramente a u$s 1.307,8 por onza, suma más del 19,3% desde el último día de diciembre, seguido con un 10% por el precio del cobre y más lejos aún el del petróleo, que casi no se movió. Si tenemos en cuenta que en el mismo periodo el dólar avanza casi un 5% frente al euro, pero pierde algo más del 10% ante el yen, y que mientras la tasa de los treasuries a 3 meses trepó más de 11 puntos básicos en tanto la de 10 años retrocedió más de 132 puntos básicos, surge un escenario que, a simple vista, habla por lo menos de nerviosismo y, en el peor de los casos, de una búsqueda de seguridad por parte de los inversores. De manera ostensible, la fuente del nerviosismo es la crisis europea, pero es la fuente solapada, la falta de una auténtica reactivación económica, la que más golpea.

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