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Una huella que esclareció crimen
Nadie hubiera imaginado que un caso como éste se esclarecería por un aerosol que le costó una condena a prisión perpetua a uno de los asesinos. Todo gracias a los expertos de la Policía Científica que encontraron en ese tubo metálico una huella dactilar que los condujo al imputado.
Esto ocurrió la madrugada del 11 de febrero de 2008. Luego de haber trabajado toda la noche, Guidotti regresaba de su pizzería de Pilar rumbo a su casa de Olivos junto a su hijo de 16 años.
Circulaban en un Peugeot 405 por el kilómetro 39,500 del ramal Pilar de la autopista Panamericana, a la altura de Del Viso, cuando fueron interceptados por un Fiat Uno rojo que les cruzó el paso.
Tres ladrones armados descendieron y rodearon el auto de las víctimas con fines de robo.
En el juicio que se realizó en 2010, el hijo del pizzero, Matías Guidotti, fue muy claro al explicar que pese a que ni él ni su padre se resistieron, el delincuente que se acercó por la ventanilla del conductor, efectuó, sin mediar palabra, el tiro que mató a su papá.
El balazo entró destrozando la ventanilla, ingresó por el hombro izquierdo del comerciante, le atravesó los pulmones y salió por la espalda.
El adolescente también contó que ese mismo delincuente que disparó fue el que abrió la puerta del conductor y revisó los bolsillos de su padre.
Los delincuentes se apoderaron de un celular del adolescente, un reloj de su padre que quedó tirado en la escena del crimen y alrededor de 2.000 pesos de la recaudación de aquel domingo a la noche que el asesino tomó de uno de los bolsillos de Guidotti padre.
Según el hijo de la víctima, el mismo que disparó fue quien abrió la guantera del auto y desparramó todo lo que había en su interior, incluido un aerosol de un líquido limpiavidrios marca YPF que fue la clave para esclarecer el caso.
En ese tubo, los detectives de la Policía Científica bonaerense encontraron una huella dactilar que no pertenecía ni al comerciante asesinado ni al hijo.
El por entonces fiscal de Pilar a cargo del caso, Alejandro Musso, ordenó cargar esa huella al sistema AFIS (Sistema de Identificación Automatizado de Huellas Dactilares, según su sigla en inglés), la base de datos de improntas dactilares de personas con antecedentes penales.
El AFIS le puso nombre y apellido al dueño de esa huella: Pablo Daniel Reboredo, quien era un conocido de la víctima, ya que era el gomero a quien la pizzería le mandaba a reparar los neumáticos pinchados de las motos de delivery.
Las huellas de Reboredo habían sido fichadas porque estaba imputado en un asalto que había ocurrido unas semana antes en Benavídez.
En el juicio, Reboredo se defendió diciendo que todo era una coincidencia y que si su huella estaba en ese aerosol era porque era el gomero de la pizzería. Pero los jueces no le creyeron y lo condenaron a prisión perpetua.


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