Una jornada para ajustar tras la euforia

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El presidente Obama deslizó ayer que estaría dispuesto a aceptar una extensión provisoria para el permiso de emisión del Tesoro, en la medida que esto se vincule con un plan más elaborado en el cual republicanos y demócratas estén de acuerdo y que precise algo más de tiempo para terminar de limar asperezas. Esta es la primera vez en semanas que vemos al Poder Ejecutivo deslizando algo parecido a una intención de negociar, aceptando la idea de que el Estado norteamericano no puede continuar incrementando su deuda apostando a exprimir más a los contribuyentes (la deuda la pagan los contribuyentes norteamericanos), lo cual extiende la ventana del temido default pasado el 2 de agosto y justifica una vez más la calma -más que calma es ausencia de alarma- que impera en el mercado financiero. Una visión que está creciendo sottovoce entre los analistas es que si bien el acuerdo que finalmente se obtenga implicará una interesante reducción del gasto público -anatema para los economistas del oficialismo-, la Reserva Federal saldría a tratar de paliar lo que se ve como una reducción en el estímulo económico. Si los antecedentes del QE1 y QE2 sirven de algo, esto significaría aportar más leña a la caldera del mercado. Si bien causó algún revuelo entre la chusma del mercado, la revelación -del lunes pasado- de que el Quantum Fund que maneja la familia Soros ha reducido drásticamente su exposición al riesgo (aumentando la tenencia de efectivo, lo que a su vez es un juego de monedas), lo cierto es que hace meses y en montos significativamente mayores, PIMCO fue el pionero en este camino, un camino en el cual poco más de 1 de cada 4 de los grandes administradores de fondos está embarcado. ¿La rueda de ayer? Poco de nuevo, en todo caso pareció ser más que nada un ajuste a la euforia del martes (basta ver los sectores ganadores y los perdedores) llevando a que el Dow cediera el 0,12% para cerrar en 12.571,91 puntos.

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