2 de marzo 2017 - 00:00

Una renuncia en la comisión vaticana contra la pederastia golpea duramente a Francisco

Pese a eso, Marie Collins agradeció al Pontífice. Pero éste es criticado por haber aliviado sanciones contra sacerdotes condenados por abusos.

EMBLEMA. Marie Collins, la experta que pegó ayer un sonoro portazo en la comisión vaticana contra la pederastia, fue ella misma abusada por un cura cuando tenía trece años.
EMBLEMA. Marie Collins, la experta que pegó ayer un sonoro portazo en la comisión vaticana contra la pederastia, fue ella misma abusada por un cura cuando tenía trece años.
Ciudad del Vaticano - Hace poco, el influyente cardenal Gerhard Ludwig Müller, titular de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dijo que la Iglesia Católica "al contrario que otras instituciones", aplicaba una política de tolerancia cero en los casos de abusos a menores. Sin embargo, sus palabras casi suenan a broma después de que un miembro clave de la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores renunciara ayer por falta de cooperación interna.

Marie Collins abandonó por "frustración" ante la escasa ayuda de los órganos del Vaticano, indicó la Comisión en un infrecuente comunicado público.

La irlandesa fue víctima de la violencia sexual de un sacerdote cuando era una niña y era una de las dos víctimas de abusos que formaban parte de la Comisión, que en realidad debía terminar con el encubrimiento de abusos a menores en la Iglesia.

La dimisión de Collins constituye un duro golpe para el papa Francisco y su promesa de aplicar "tolerancia cero" a los curas que abusan sexualmente de menores.

Se produjo además en un momento delicado, ya que el Papa fue criticado duramente en los últimos días por haber reducido las sanciones a un grupo de curas pederastas y por considerar la pedofilia como "una enfermedad", según declaró recientemente.

La comisión contra la pederastia fue creada a pedido del Papa argentino en 2014; está formada por unos quince laicos y religiosos y tiene el encargo oficial de proponer al Pontífice "iniciativas oportunas" para combatir ese fenómeno dentro de la Iglesia.

El año pasado, la otra víctima de la comisión, el inglés Peter Saunders, había renunciado tras asegurar que se sentía traicionado por Francisco y por una Iglesia que "no hace nada" contra el flagelo.

Casi cuatro años después de su elección, la pederastia es una espina clavada en el pontificado de Francisco y sigue siendo uno de los problemas más graves que tiene que encarar.

En el comunicado, Collins denunció "la resistencia de algunos miembros de la Curia romana", la maquinaria administrativa del Vaticano, para trabajar con la comisión.

"La falta de colaboración fue penosa", lamentó la experta al referirse indirectamente a la Congregación para la Doctrina de la Fe, la entidad encargada de examinar los casos.

La irlandesa, de 70 años, que vivió en carne propia abusos por parte de un cura cuando tenía 13 años, era una de las figuras esenciales de la reforma y del endurecimiento de las penas contra los sacerdotes que abusan sexualmente de menores.

"Fueron tres años difíciles, pero siempre tuve la esperanza de que podíamos introducir un cambio. Todos los miembros de la comisión son muy buena gente, especialmente el cardenal Sean O'Malley, y el papa Francisco, quienes apoyaron todas nuestras recomendaciones", apuntó Collins.

La irlandesa seguirá trabajando en los procesos de formación de los obispos y atención a los abusados, según precisó el Vaticano.

La experta denunció además de las trabas registradas por parte de los varios ministerios del Vaticano -llamados dicasterios- y la "financiación inadecuada" de la comisión, que sufre limitaciones hasta para contratar personal.

La batalla del Papa argentino contra uno de los grandes males de la Iglesia Católica, que generó un escándalo sin precedentes y desprestigió a la milenaria entidad, se ensombreció por la falta de apoyo interno.

"La salida de Collins fue inevitable. Para la comisión es un desastre", comentó Saunders.

A todo ello se suma la reciente noticia de que el propio Pontífice "había reducido" en forma discreta y sin hacerlo público, las sanciones a grupo de clérigos pederastas.

Su decisión cayó mal entre las víctimas y los asesores pontificios, pese a que fue definido como "un gesto de misericordia".

El castigo apartaba a los curas culpables del sacerdocio y los condenaba a "una vida de penitencia y oración y a la prohibición de ejercer públicamente su ministerio", sacerdotal.

La misma sanción fue aplicada en 2006 al mayor abusador sexual de la Iglesia, el líder y fundador de los Legionarios de Cristo, padre Marcial Maciel.

La sanción más grave dentro de la iglesia es reducirlos al estado laical.

Agencias AFP, DPA, Reuters y ANSA

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