28 de octubre 2010 - 00:00

Una victoria, pero pírrica

París - La aprobación definitiva de la polémica reforma de pensiones por parte del Parlamento francés dio ayer por fin un respiro al presidente Ni-colas Sarkozy, que ahora podrá presentarse como el líder resuelto que impuso un proyecto tan impopular como necesario. La situación, sin embargo, dista de ser idílica para el mandatario.

A primera vista, en efecto, Sarkozy obtuvo ayer una consistente victoria. Su principal proyecto para el resto de mandato quedó definitivamente aprobado, las masivas protestas que generó en los últimos meses parecen haber comenzado a remitir e incluso los estudiantes que ayudaron a radicalizarlas están de vacaciones.

Pero ese paisaje tiene también sus sombras. La oposición pidió ya que el Consejo Constitucional revise la norma, lo que retrasará su entrada en vigor. Parte del sector crítico con la reforma está decidido a continuar con las protestas. Y los sindicatos convocaron ya para hoy y el 6 de noviembre a nuevas jornadas de huelgas y manifestaciones.

Grafiti

Y es que la continuidad de las protestas demuestra que, para muchos franceses, el tema va más allá de a qué edad podrán jubilarse. En las concentraciones de la semana pasada muchos mostraron su rechazo a la política de Sarkozy en general. En la simbólica estatua de Marianne de la Plaza de la República en París puede verse desde hace poco un grafiti con la leyenda «Fuera Sarko».

El presidente responderá ahora con una reforma del gabinete que anunció ya por primera vez en marzo, dando a los medios un tema para entretenerse durante meses.

Aún no está claro que el primer ministro François Fillon vaya a seguir en el nuevo gabinete. Si bien su trabajo está bien valorado, reemplazarlo enviaría una fuerte señal de cambio de cara a las elecciones presidenciales de 2012.

En comparación con los sistemas de otros países europeos, mientras tanto, la reforma impulsada por el Gobierno de centroderecha es relativamente laxa y prevé elevar paulatinamente hasta 2018 de 60 a 62 la edad mínima de jubilación y de 65 a 67 para quien no haya realizado aportes suficientes.

Pero fue el estilo áspero de Sarkozy lo que, según los analistas, pudo irritar a muchos votantes. El hecho de que impulsara la reforma por un procedimiento rápido dejó a algunos la sensación de que al presidente no le importaron las preocupaciones de la población. La cuenta por ese error podría llegarle a Sarkozy en 2012, encarnada en una masiva pérdida de votos en las presidenciales.

Agencia DPA

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