Unida pero renga, la nueva CGT pacta con piqueteros ganar la calle

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• ASUMIÓ EL TRIUNVIRATO EN UN CONGRESO ACCIDENTADO POR UNA DESERCIÓN INESPERADA.
• EVITARON HABLAR DE PARO.
Las tres versiones de la central se fusionaron tras ocho años. Moyano, Caló y Barrionuevo cederán sus lugares aunque los reemplazantes intentarán una estructura horizontal. Entendimiento clave con el Movimiento Evita.

 La CGT cumplió ayer su mandato histórico: unir sus líneas internas ante un nuevo gobierno para erigirse como factor principal de presión, pero con fracturas expuestas y cuestionamientos que mantuvieron al margen a casi la mitad de los gremios, en su mayoría de poco peso. En compensación, la central prepara un acuerdo estratégico con organizaciones sociales que nuclean a desocupados y trabajadores informales, en una maniobra sorpresiva que verá la luz en las próximas semanas para generarle mayor preocupación al Gobierno.

La nueva encarnación de la principal agrupación del movimiento obrero quedó reorganizada ayer bajo el mando de un triunvirato por los próximos cuatro años, al cabo de un Congreso de unidad en el estadio de Obras Sanitarias que tuvo todos los condimentos de la liturgia sindical, incluso una escisión no esperada. Aunque el acto de ayer sumó el consenso de más del 70% de los congresales, un centenar de gremios tomó la determinación de no participar del nuevo esquema.

Tal como estaba previsto asumieron como nuevos secretarios generales Héctor Daer (Sanidad), del grupo de los "gordos"; Juan Carlos Schmid (portuarios), representante de Hugo Moyano y Carlos Acuña (del gremio de estaciones de servicio), portavoz de Luis Barrionuevo, al frente de un Consejo Directivo que este diario anticipó en su edición ayer, con la excepción del bancario Sergio Palazzo, que dio la nota al declinar cargos reservados para su sector.

La salida del dirigente de extracción radical fue el dato saliente de un Congreso guionado casi en su totalidad. Se produjo en el tramo inicial de las deliberaciones, cuando su vocero, Eduardo Berrozpe, pidió la palabra para el sector a los gritos, mientras Moyano, que hacía las veces de presidente, lo ignoraba. Hubo un momento de tensión cuando uno de los custodios de Moyano se acercó para increparlo, hasta que el propio camionero reparó de una situación que amagaba con desbordarse y cedió el uso de la palabra para Palazzo.

El gremialista bancario dijo entonces que no estaba de acuerdo con el formato de triunvirato y que hubiese preferido una CGT que llamara a un paro nacional contra el ajuste: "Al gobierno no hay que darle un minuto más de tiempo. Cada minuto es un trabajador que se pierde", clamó Palazzo al cuestionar la pasividad de la central obrera de los últimos meses. Acto seguido, anunció que el sector que lidera declinaba los cargos para los que habían sido nominados en el Consejo Directivo (el propio bancario tenía reservada la secretaría de Finanzas) aunque sin renunciar a la CGT ni impugnar el acto de ayer.

De inmediato se produjo una aparatosa salida del estadio de Obras del medio centenar de dirigentes que lo acompañaba, seguido de una silbatina y algunos gritos amenazantes de los presentes. Entre los organizadores del Congreso se quejaron de que ayer mismo Palazzo había pedido ser secretario adjunto (cargo que quedó para el estatal Andrés Rodríguez) y más espacios en la nueva estructura, y que al parecer no había elevado en esas charlas reclamos de medidas de fuerza.

El sector, denominado Corriente Federal de Trabajadores, se sumó así a otros dos grupos disidentes aunque cada uno con su impronta. En paralelo con el Congreso de ayer, el rural Gerónimo Venegas (Uatre) encabezó un encuentro en la sede de las 62 Organizaciones con los sindicalistas que resolvieron impugnar las acciones de sus pares en Obras Sanitarias. Se trata de medio centenar de sindicatos que antes solían reportar a Moyano y que se recostaron sobre la estructura de Venegas, habitualmente dotada de recursos financieros.

El tercer grupo disidente que ayer no participó del Congreso fue el Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA), que orienta el taxista Omar Viviani y que reúne algunas organizaciones de peso decisivo, como los mecánicos del Smata, la Unión Ferroviaria y Luz y Fuerza. El grupo resolvió permanecer al margen de la nueva unidad y maniobrar en sincronía con el bloque Justicialista en Diputados que manejan Diego Bossio y Oscar Romero.

Lo más novedoso del encuentro de ayer, sin embargo, fue que la CGT abrió un sendero de negociaciones con la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), que agrupa a organizaciones sociales, piqueteras y de asalariados precarizados como el Movimiento Evita, así como Barrios de Pie y la Corriente Clasista y Combativa. El acuerdo representa un hito entre dos sectores que históricamente han rivalizado por el control de la calle y el poder de movilización.

"Hemos iniciado un acercamiento para ampliar nuestros reclamos a sectores antes no contemplados, como trabajadores informales, desocupados y precarizados", admitió a este diario Gerardo Martínez (albañiles, Uocra). Desde el Movimiento Evita confirmaron contactos con Martínez, Andrés Rodríguez y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias) en los últimos tres meses orientados a establecer una agenda común.

La posibilidad de un entendimiento entre sindicatos formales y organizaciones sociales y la eventual coordinación de acciones de protesta deberá preocupar al Gobierno, que ayer analizaba con satisfacción las deserciones en el Congreso de la CGT y que, como anticipó este diario, intentará demorar el reconocimiento a la nueva estructura de la central obrera. Los dos sectores, de hecho, protagonizaron los acontecimientos callejeros más importantes del año: las CGT, el 29 de abril frente al Monumento al Trabajo, y la CTEP el 7 de agosto, con una marcha masiva a la Plaza de Mayo.

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