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Unidos triunfaremos
Como padre e hijo. Maradona y Messi: dos potencias que meterán miedo y presión a los rivales, uno desde el banco y el otro en la cancha.
Argentina empieza mañana a jugar su sueño mundialista; será ante Nigeria, en Johannesburgo, pero el rival es secundario.
La gran adversidad que deberán superar Diego como entrenador y los once que salten a la cancha es la de ganar dando una imagen de superioridad, no sólo por una obligación futbolística, sino por saber que la naturaleza indica que con estos nombres Argentina es candidata, y porque la confianza que generaría un triunfo claro ante el rival más duro del grupo sería el trampolín para el futuro inmediato dentro del Mundial.
Nigeria merece respeto, pero tiene menos equipo que en mundiales anteriores; quizá la obligación de jugarse en su propio continente (en Sudáfrica vive una colonia de más de dos millones de nigerianos, la mayoría ilegales) le da un plus al conjunto que dirige el sueco Lars Lagerback, que tiene en Victor Obbina, delantero del Málaga, volante por izquierda en su selección, a su figura entre los once, a pesar de que el rol estelar se lo lleva obviamente Nwankwo Kanu, relegado a los suplentes.
Aquello que fue un adelanto de Ámbito Financiero por el martes 1 de junio termina desenredándose como se suponía: Jonás será el lateral; Verón por momentos volante derecho, por momentos doble cinco con Mascherano; arriba tres delanteros: Messi-Higuaín-Tevez.
«Un jugador como Carlitos no puede estar afuera del equipo, es el ídolo del pueblo, después de él venimos Messi y yo»; las palabras pertenecen a Diego, y sabiendo que nadie alcanzó su estatura como ídolo, en plena previa de un debut mundialista tener un acto de tanta generosidad y claridad lo muestra íntegro, lúcido y que nuevamente, por enésima vez, se volvió a inventar.
Nadie hubiera apostado un solo centavo en el Mundial pasado que Maradona sería el entrenador en Sudáfrica, y sin embargo esta es la realidad. Una realidad que ilusiona, que invita a soñar y que a pesar de no saber qué siente en su interior, la ilusión en él se ha disparado como en cada uno de nosotros, los argentinos.
* Enviado Especial


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