8 de octubre 2012 - 00:00

Valioso libro que repasa cien años de Salón Nacional

«Salón Nacional 100 años-Palais de Glace» es un documento único e imprescindible, no sólo para la investigación artística.
«Salón Nacional 100 años-Palais de Glace» es un documento único e imprescindible, no sólo para la investigación artística.
La publicación del libro «Salón Nacional 100 Años- Palais de Glace», editado por la Secretaría de Cultura de la Nación. debe considerarse como un gran acontecimiento cultural, en el que han intervenido un conjunto de especialistas que lo convierten en un documento único, insoslayable, testigo de diferentes épocas, imprescindible para la investigación artística.

Como lo señaló en la presentación el Director del Palais de Glace, Oscar Smoje, factótum principal para llevar a cabo este proyecto, «revisar la historia del Salón es repensar los avatares políticos de la Argentina, los intereses, las luchas por el poder, el desarrollo, las desigualdades»

Es también importante destacar que desde sus comienzos, fue una apuesta política y gran parte de su programa estaba destinada a buscar la definición de una identidad nacional así como equiparar al país con los centros europeos en auge hacia fines del siglo XIX.

Diana Wechsler, investigadora del Conicet, directora de la Maestría en Curaduría de la UNTREF cuya tesis de doctorado a comienzos de los 90 se centró en la investigación del Archivo del Salón, es la autora de «Desde el Salón-100 años». En su erudito ensayo analiza las trayectorias de los Salones Nacionales, por eso, desde el Salón es un espacio para ver con y desde él, como plataforma privilegiada para la visualización de tensiones de la escena artística.

Su vasto repertorio de imágenes está en los 100 catálogos ilustrados que fueron publicados-hoy digitalizados, gracias al desinteresado aporte de Luis Ayala y Lucas Zambrano. Estas imágenes, según Wechsler, actúan como referentes visuales de las políticas de selección, sus continuidades y nuevas presencias: desde las iconográficas a las técnicas, desde los formatos hasta los modos de presentación. Señala, además, que es a partir de las imágenes -centenares a través de los años- cómo se busca definir un arte propio, delinear una identidad, formar el gusto del público, de los artistas, contribuir a la constitución de colecciones públicas, estimular un coleccionismo privado que favoreciera la producción de nuestros artistas.

Hoy, con grandes diferencias respecto a las intenciones originales, desde el Salón se siguen trazando las políticas de las imágenes, expresión que rige casi todo el espectro artístico.

«La Construcción de una Tradición», «Pinacoteca Palais de Glace», «Epílogo. Mi fin es mi Comienzo», constituyen las diferentes secciones de este vastísimo recorrido a través de medulosos escritos que abarcan el entramado socio-político, las tensiones artísticas, los conflictos de una escena artística potente. Excelentes fotografías que responden a cada época a cargo de Oscar Balducci, Federico González Lentini y Nicolás Beraza.

Hay un importante apartado «Desde el Archivo» cuya autoría se debe al extraordinario equipo de investigación del Palais, Mariana Fernández, Sofía Jones, Mariana Luterstein y Ana Schwartzman así como «en Primera Persona», entrevistas a artistas de diferentes disciplinas para conocer su opinión sobre el Salón y su lugar en el contexto del arte argentino.

El libro cierra con «Las Imágenes en el Tiempo», catálogo cronológico con información técnica de las imágenes reproducidas en diferentes capítulos. Se completa con dos DVDs, un video histórico-documental y otro de material interactivo.

Hugo De Marziani

Es importante señalar cómo el hábitat ha influido en la obra de Hugo De Marziani que presenta «Obras 2009-2012» en Palatina (Arroyo 821), pero esto se sabe a través de confesiones del artista. Nacido en La Plata, ciudad caracterizada por sus diagonales, cuna de grandes artistas que abordaron la geometría, entre ellos, Pettoruti, Curatella Manes, Paternosto, Puente, Mazzoni, Tomasello, vivió en Retiro, después en San Telmo y nuevamente en Retiro.

En el libro «Obras 1958-2010», Cecilia Fiel, autora de uno de los textos, señala que ese regreso al barrio renovó su obra, reincorporó el color, dejando atrás los grises, espejo del paisaje de San Telmo. A través de su quehacer, De Marziani ha buscado la pintura en estado puro y llevado el rigor hasta el extremo. En conversaciones con el artista, llama esta etapa «Del Retiro» y relaciona la luz con su ciudad natal.

Incorpora personajes que sólo ve en su mente. Estos y las figuras geométricas conviven en un mismo espacio, inundado de una luz diferente. Quizás estos personajes imaginarios respondan a esa «visión» de la que hablaba Picasso, «que despertó en él, una sensación, la presencia real se fue esfumando hasta desaparecer por completo, son formas y colores que, entretanto, han tomado la idea de las figuras humanas y conservan las vibraciones de sus vidas».

En cuadros fechados más recientemente se ha alejado de esos fondos obsesivamente apretados para dar lugar a una mayor expansión, una mayor apertura cromática, una geometría a la que ha incorporado la curva, números enigmáticos, quizás un recurso más, para que estas formas danzen en el espacio.

Una vez más, De Marziani nos invita a una contemplación abarcativa, todo lo contrario a esa contemplación objetiva, saltar de una cosa a otra, a la que hoy estamos acostumbrados.

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