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Vena: “Soy producto de una generación que tuvo muchos cambios”
Fabián Vena en el escenario de «Love, love, love»: «La obra plantea eso que se conoce como ‘stress familiar’, y que a casi todos nos afecta».
Periodista: ¿«Love» habla de la generación del Flower Power o de una pareja en particular?
Fabián Vena: Estamos contando la historia de una pareja que después forma familia, pero que también encarna a una generación. Yo nací en el 68 y si bien mi madre no fue hippie y me crió en el barrio de Mataderos, creo que soy producto de esa generación que vivió una época de mucho cambio, de movimientos antibélicos, reivindicaciones sociales y mayor libertad sexual. Donde se revirtieron valores y costumbres que parecían inalterables. Pero en la obra, esa generación quedó enmarcada dentro de un narcisismo a ultranza. Fue gente que vivió al límite sin medir las consecuencias. Como señala la hija, en el último acto: «ustedes subieron la escalera y después rompieron todos los escalones». Sus reclamos son justos, pero también es cierto que con los hijos siempre tenemos facturas pendientes; están dentro del orden de la vida.
P.: Sandra y Dany son un desastre y sus excesos generan muchas risas. ¿Esto ayuda a que el público reflexione sobre la responsabilidad de formar una familia?
F.V.: Yo siempre digo que hay que acercarse al material según dé el coraje de la autocrítica. Aunque uno quiera ser el padre perfecto, siempre va a cometer errores y tendrá cosas de las que arrepentirse. Sandra y Dany son en extremo individualistas, no sólo pelearon por ideas sino por todo lo que tenían ganas de hacer. Y aunque no cumplan con sus responsabilidades, sus conductas interrogan al espectador sobre los papeles y compromisos que uno tiene en la vida. ¿Quién no pensó en huir de toda responsabilidad y de esa situación asfixiante que se da en el segundo acto y que nosotros llamamos «stress familiar»? Como dijo una querida amiga, esta obra es un golpe al corazón, abre cabezas y abre sensibilidades.
P.: ¿Le vino bien ser padre, para entender este papel?
F.V.: Lo único que le puedo decir es que los personajes llegan en el momento que tienen que llegar. Durante años me resistí a creer los que nos decía Augusto Fernandes en sus clases: «hay que hacer los personajes de la edad que uno tiene y si son personajes ya mayores hay que saber esperar hasta tener la edad de ellos». Yo me resistía a creerlo y protestaba. Pero después comprobé que era cierto. Hasta que no se adquiere experiencia de vida es muy difícil encarnar esos papeles con tanta claridad. Volviendo a la obra, le cuento que los psicoanalistas se hacen un festín con esta familia. La otra noche, una pareja de psicoanalistas salió del teatro peleando. «Lo que pide la hija es imposible» decía él. «No, lo que pide es metafórico», contestó ella.
P.: Cambiando de tema ¿qué papel le tocó en la remake de «Grande Pa»?
F.V.: Hago del hermano atorrante, el típico tío que le da todos los gustos a sus sobrinos. Antes no existía ese personaje. Es una especie de Isidoro Cañones con moto y rodeado de mujeres.
P.: Otro tarambana en su lista de perso
F.V.: Y sí. tiene algunas cosas del loquito que hago en el primer acto de «Love, love, love». Me divierto muchísimo haciéndolo.
P.: En televisión usted tiene la experiencia de un veterano: «La banda del Golden Rocket», «Verdad Consecuencia», «Resistiré» y siguen los títulos.
F.V.: Es que arranqué de muy chico. Fue muy bueno haber estudiado en el IFT, donde amé, entendí y cultivé la profesión y después tomé clases con Fernandes. Tuve mucha suerte, porque de alguna manera pertenezco a una generación de actores que se formaron a través del teatro. Cuando yo me inicié como actor, la televisión y la fama no tenían un gran mérito. Hice «Socorro, quinto año» a los 19, 20 años. Pero, a los 17 ya había debutado en teatro. En una época llegué a hacer tres obras: dos infantiles a la tarde y una de adultos a la noche.
P.: En «La dueña» fue el hijo espiritualista de Mirtha Legrand y en la miniserie «23 pares» encarnó a un autista obsesionado por la realeza europea ¿Nunca un personaje convencional?
F.V.: Cuando me llegue ese papel lo abordaré con el mismo nivel de riesgo. Ahora que lo pienso, en el teatro suelo tener más chances de interpretar a tipos normales. Pero. no tanto. Sí, en «Rain man» hice a un tipo bastante normal.
P.: Pero era un hombre que raptaba a su hermano autista para birlarle la herencia.
F.V.: De todas maneras, a mí me interesan mucho los personajes que me dan la posibilidad de mostrar algo distinto a lo habitual. Ese es el gran beneficio de la actuación. Pero si hablamos de normalidad. para eso tengo mi vida privada.
Entrevista de Patricia Espinosa


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