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Venecia: jornada opaca pese a regreso de Olmi
El veterano cineasta Ermanno Olmi («El árbol de los zuecos») volvió con nuevo largometraje, que sin embargo no satisfizo las expectativas.
Sin embargo «Il villaggio di cartone» («La aldea de cartón») desmiente este propósito y, a pesar de no estar en concurso, acaparó la atención de la séptima jornada de la Mostra. Inspirándose en el caso real de una iglesia desconsagrada, trasformada en refugio para inmigrantes y espacio para otros ritos y religiones, Olmi cuenta la historia de un cura que ve con resignación el abandono de los fieles y la privación de pinturas y objetos litúrgicos.
Al mismo tiempo, asiste con júbilo a su transformación en una verdadera Casa de Dios, donde sin oropeles superfluos encuentran refugio los desheredados de la tierra sin importar su creencia. El anciano cura, encarnado por el veterano actor francés Michel Lonsdale, recobrará esos ideales de caridad, hermandad y solidaridad que había olvidado en sus largos años de sacerdocio entre fieles cuya riqueza los hizo renegar de esos valores. Sin embargo, el film avanza pesadamente hacia el fin de sus 87 minutos de duración y no le bastan las buenas intenciones para lanzar un mensaje satisfactorio.
Algo semejante le pasa a la cineasta inglesa Andrea Arnold. Para su ingreso en el «cine literario», encargada de dirigir una nueva versión de «Cumbres Borrascosas», decidió concentrarse en los prolegómenos de la historia de «amour fou» de Catherine y Heatcliffe, mostrando el origen de la insana pasión de los protagonistas de la novela de Emily Brontë. James Howson y Kaya Scodelario interpretan con precisión a la descontrolada pareja, que de todas maneras demuestra más virtudes y menos defectos que el resto de los personajes. No alcanza, sin embargo, para borrar de la mente del espectador la imagen de Laurence Olivier y Merle Oberon, protagonistas del insuperable clásico de William Wyler.


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