Duras e inciertas, las conversaciones entre la UCR y el FAP para intentar un entendimiento en la provincia de Buenos Aires están contaminadas, además de diferencias de proyecto, por cuestiones operativas.
Semanas atrás, Ricardo Alfonsín y Margarita Stolbizer tuvieron una reunión breve y tensa. Luego se vieron los referentes del FAP, encabezados por Gerardo Millmam (GEN) y Jorge "Huevo" Ceballos (Libres del Sur), con la mesa del Comité Provincia que preside Alejandro Armendáriz.
Más tarde fue el turno de las citas reservadas para desmalezar la discusión grande para facilitar un acuerdo sólido. Una urgencia en común es que si la UCR y el FAP van divididos, el impacto sobre la cantidad de legisladores provinciales obtenidos sería altísimo. Las diferencias son varias:
El problema central es quién encabeza la boleta: Alfonsín o Stolbizer. Atado a eso va el pedido del FAP para que un eventual pacto con la UCR tenga mayor durabilidad que la elección. Es decir que el acuerdo para compartir listas no se resquebraje apenas termine la votación, el 27 de octubre próximo. Stolbizer y Alfonsín coinciden, al menos en el declaracionismo, con ese planteo, pero por abajo abundan las dudas respecto de que un acuerdo hecho con fórceps tenga, en el mediano plazo, posibilidades de sobrevivir.
El segundo inconveniente refiere a cómo integrar a sectores más pequeños como la Coalición Cívica, que en provincia comandan Walter Martello y Adrián Pérez, y Proyecto Sur, que en su versión bonaerense ordenan Mario Cafiero y Luis Brunatti. Simple: ¿quién paga para darles lugar a esos sectores? No es un tema menor ver quién resigna lugares "a salir" para evitar fuga de votos hacia esos sectores.
A eso se suma, además, que el FAP se resiste a ir a primarias, opción que sugiere la UCR, aunque ayer el alfonsinismo se negó a avalar un reglamento para las primarias, lo que alimenta la sospecha de otros radicales de que Alfonsín negocia bajo cuerda para un acuerdo con Stolbizer sin incluir a toda la UCR. El FAP rechaza las PASO con el argumento de que los grupos chicos no podrán ganar lugares, lo que implicaría, de facto, expulsarlos antes de competir de un acuerdo grande.
Pero fue en las charlas más sigilosas que ayer asomaron cuestiones operativas que pueden tumbar cualquier coincidencia general. El FAP reclama que se respete como sello electoral la sigla FAP, con el argumento de que se trata de un frente -al que podría integrarse la UCR- y para no perder la identidad construida en estos tiempos. Los radicales recelan ese planteo, pero, llegado el caso, podrían aceptar discutirlo o buscarle una variante.
Más denso es, sin embargo, el pedido del GEN-FAP de tener derecho a veto sobre los candidatos que pueda proponer el radicalismo. Algo que, por su lado, para no quedar atrás, también reclama la UCR. Pero lo de Stolbizer es puntual contra la posibilidad de que en la lista se incluya a Cecilia Moreau, secretaria general del Comité Provincia, e hija de Leopoldo Moreau, a quien desde el FAP acusan de ser "funcional" al Gobierno.
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