6 de junio 2011 - 00:00

Vicentico ya no teme que lo crean un cantante romántico

En «Sólo un momento», el ex integrante de Los Fabulosos Cadillacs le canta a las cosas simples de la vida.
En «Sólo un momento», el ex integrante de Los Fabulosos Cadillacs le canta a las cosas simples de la vida.
Presentación de «Sólo un momento». Actuación de Vicenti(Luna Park, 3 de junio).

El disco vio la luz en setiembre pasado. Llegaron después algunas presentaciones más pequeñas en La Trastienda y en Samsung Studio. Y ahora fue el turno de la gran puesta en escena, frente a un Luna Park colmado, de un álbum que pone definitivamente a Gabriel Fernández Capello, alias «Vicentico», en un camino intermedio entre el rock y la balada, entre la canción romántica y el pop, apuntando a «lo cursi» sin el menor prejuicio.

Siempre se manifestó públicamente a favor de las canciones sencillas y populares, de las telenovelas, de Sandro y sus piezas más melosas; todas posturas que tienden a hacer ruido con el mundo del rock en el que se lo incluyó durante bastante tiempo, sobre todo en la etapa intermedia y más «densa» de Los Fabulosos Cadillacs. Pero bastó que se hiciera solista -»Sólo un momento» es su cuarto álbum personal- para que ese amor por la melodía pegadiza, por el entuerto amoroso, por la canción que enamora adolescentes femeninas y aleja a los rockeros más estrictos, marcaran definitivamente su estilo.

Y este último trabajo es una muestra acabada de un camino que ya es tan propio que no tiene similares. Es que el ex cantante de Los Cadillacs presenta una serie de temas de su creación -más algunos pocos prestados- que podrían caber en la voz edulcorada de cualquier cantante latino de moda. Pero su modo de interpretarlos -sea su «Ya no te quiero» con que arrancó su show en el Luna, «Paisaje» de Franco Simone, «Algo contigo» de Chico Novarro, o varios otros- es con la misma voz aguardentosa, raspada, rockera, con que se hizo conocido mucho tiempo atrás.

Y en esa aparente contradicción de estilos, en lo vocal pero también en el sonido de una banda que por muchos ratos se hace más rockera, está la mayor virtud de este artista cuya repercusión nadie pone en duda. Esta vez, la crítica debería agradecer a la producción del concierto el haberla ubicado bien lejos y bien arriba, allí donde estaba el público que compró las entradas más baratas.

Los periodistas, que en general somos habitantes de las plateas más cercanas al escenario, pudimos comprobar que el sonido llegaba mal y que costaba descifrar el pastiche de voces e instrumentos, que en esa zona el Luna Park se limpia mucho menos -había hasta una buena cantidad de colillas desparramadas por el piso- o que el baño ni siquiera ofrece agua en su única canilla.

Mientras, unos cuantos metros más abajo, sobre un escenario sencillo adornado apenas con un par de pantallas laterales a manera de televisación en vivo, Vicentico recorrió buena parte de su último disco, volvió sobre varios de sus temas solistas, fue romántico y gracioso -»juguemos a ser Shakira y a mover el culo», dijo-, agradeció la presencia en el estadio de las actrices Graciela Borges y -su esposa- Valeria Bertucelli, invitó a su hijo Florián a tocar la guitarra, tuvo por cierto sus momentos más puramente rockeros -por caso, con «El rey del rock and roll»- y dejó para el final su inevitable -y muy reclamada- evocación a Los Cadillacs con «Se despierta la mañana», «Tiburón» o «Vasos vacíos».

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