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Viudas negras que engañan, dopan y matan a su víctima
El 30 de junio de 2004, el trío delictivo engañó, sedujo y captó a un matrimonio, dueño de una ferretería de la zona de Recoleta.
Los roles se distribuyeron así: Silvina Maquiera y Eva Leonor García llegaron a la ferretería. Se presentaron como "viejas clientas". Uno de los empleados les dijo que el matrimonio estaba tomando un café en una confitería de la zona.
Entonces, con todo el libreto entrenado, las dos mujeres se acercaron al matrimonio ferretero y los saludaron con efusividad: "Hola Leticia (Botta), ¿Cómo estás, Omar (Manti)?"
Once años más tarde, en el juicio, Leticia Botta, una de las víctimas, le dijo a los jueces que en ese momento "se convenció de que las dos mujeres eran amigas de su esposo". Con habilidad precisa, Maquiera y García lograron que el matrimonio las invitara a cenar esa misma noche.
A ese reunión se sumó un hombre que las mujeres presentaron como el hijo de García. En realidad se trataba del expolicía bonaerense Diego Di Bella, parte activa de la parte criminal. Con el matrimonio seducido, con el trío criminal en el departamento, la parte más importante del plan delictivo estaba consagrada. La casa ya estaba dominada "por los malos". Durante la cena, los "invitados" ofrecían reiteradas veces bebidas alcohólicas al matrimonio. La dueña de casa, casi no tomó nada, pero su esposo sí.
Cuando terminó la cena García se ofreció a lavar los platos y a preparar un té. A partir de ese momento, Leticia Botta no recuerda mucho más.
Según el fallo judicial que condenó al trío, los acusados colocaron benzodiacepinas en las bebidas. Concretamente buscaban dopar, dormir y vulnerar a las víctimas. Pero el plan se salió de su cauce y el dueño de casa terminó muerto.
Con las víctimas indefensas (Botta dopada y su esposo muerto), los ladrones se llevaron 30 mil dólares, un revólver, una videocasetera, un teléfono celular, así como carteras, tapados de piel, relojes, cosméticos y hasta un juego de cubiertos.
La investigación terminó con García condenada en 2006, pero Maquiera, abogada y Di Bella, expolicía, estuvieron prófugos más de 10 años hasta que los capturaron en el sur argentino. Ahora, el Tribunal Oral N° 22 los condenó a 11 años de cárcel. El fiscal Martínez Burgos consideró que los condenados se aprovecharon de la situación de vejez de las víctimas y de la confianza ganada por mencionar al hijo del matrimonio, que había fallecido tiempo antes. Con esos datos, trazaron una estrategia para llevar adelante el robo que terminó con la muerte de Manti. Ambos condenados declararon que no tuvieron nada que ver con los hechos. Sin embargo, los jueces no tuvieron en cuenta sus dichos: "No puede sostenerse que la imputada haya estado diez años prófuga de la Justicia con todo lo que ello conlleva, incluyendo perjudicar a sus propios hijos si la imputada no tuvo nada que ver en el hecho". El fiscal afirmó que mintieron "en todas sus facetas". Final para un plan macabro.


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