21 de mayo 2010 - 00:00

Voces de alerta contra el furor del 3D en Hollywood

El fabuloso éxito de «Avatar» ha llevado a varios estudios a considerar como una prioridad estrenar sus productos en 3D, buscando de esa manera generar dólares fáciles en la taquilla. Así, una película como «Furia de titanes», que fue filmada de manera tradicional, tuvo que retrasar su fecha de estreno porque sus productores decidieron, a último momento, incluir material en 3D, demostrando de paso que la falta de imaginación no puede suplirse con artilugios tecnológicos. El problema tiende a complicarse porque la búsqueda de beneficios ha llevado a que la industria haya decidido convertir, casi indiscriminadamente, productos filmados en dos dimensiones en versiones 3D, un proceso que cuesta entre 120.000 y 150.000 dólares por minuto y que, se está empezando a descubrir, no garantiza nada. James Cameron mismo señala que «esperan el mismo resultado cuando, de hecho, esta decisión probablemente atente contra la adopción del 3D, porque lo que se ven son productos de calidad inferior.»

El tema del «retoque» de las películas también preocupa a otros directores, como es el caso de Michael Bay, quien asegura que no le parece correcto derivar un film a un grupo de personas que, sin estar involucradas desde un principio, se dediquen a incorporar efectos especiales a la misma. La contracara de este procedimiento aparece en las animaciones, las cuales son más sencillas de transformar a la tecnología 3D pero que incluyen especialistas en el tema desde el comienzo del rodaje, para asegurarse de que las tomas sean adecuadas.

Más allá de las condenas categóricas respecto del 3D, como la del crítico Roger Ebert, los productos de baja calidad producen el mismo efecto en dos o en tres dimensiones, y lo que queda claro es que Hollywood no termina de entender que una mala historia no se mejora con maquillaje y que no existe un fórmula perfecta para hacer una película taquillera. El atractivo de «El museo de cera», en 1953, era la presencia de Vincent Price como protagonista y no el estreno de una tecnología que, además, fue aplicada por un director tuerto -André de Toth-, incapaz de apreciar los resultados de su trabajo.

Horacio Moreno

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