Volvió con las manos vacías

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«Fuimos un equipo liviano y tiernito». La confesión de Eduardo Salvio en medio de la pena de quedar afuera del campeonato mundial, pinta de cuerpo entero a esta selección Sub-20 que se quedó sin Mundial, después de 15 años y por circunstancias distintas de aquéllas, ya que en 1993 no concurrió por una suspensión después de una pelea en el Mundial 1991 donde los protagonistas principales fueron el goleador Juan Esnaider y el hoy representante, en aquel momento dirigente, Norberto Recasens.
Esta selección fue equipo «tiernito» al que le faltó esa garra característica del fútbol argentino y que cuando quiso imponer presencia física terminó cometiendo foules inocentes y con jugadores expulsados. En el medio no tuvo fútbol y sus volantes defensivos nunca encontraron la posición para complementarse y no chocar. De Zuculini se esperaba mucho y rindió muy poco.
Justamente Salvio fue el único destacado de un equipo mediocre y con fallas infantiles, que no de casualidad terminó último en el hexagonal. Para Sergio Batista es un retroceso muy grande en su carrera, porque venía de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos y de ser candidato a la selección mayor y pasó a ser criticado por sus decisiones tácticas.
Lo cierto es que la selección llegó casi a la medianoche y en Ezeiza no había ni banderas, ni nadie (salvo los familiares de los jugadores) esperando.

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