La afirmación, casi una oferta de dos por uno como en los viejos tiempos, pudo escucharse durante un acto de campaña en Kentucky, en las vísperas de las primarias en dicho estado del sur del país. "Porque él sabe como hacerlo, especialmente en puestos como los de los mineros o de los trabajadores pobres o en otras partes del país que quedaron de lado", subrayó Hillary, rememorando los éxitos económicos de los ocho años de presidencia de su marido entre 1993 y 2001. Aunque no lo mencionó, también durante la gestión de Clinton se sentaron las bases de la posterior crisis económica desatada en 2007.
Apenas en enero Hillary ironizaba sobre Bill: "Comenzará por darme consejos desde la mesa de la cocina, después veremos si seguimos con más". Pero el mes pasado había confesado que quería "sacarlo de la jubilación" para que ayude a la gente a volver a tener trabajo.
Ahora le reserva un rol para relanzar la economía sin precisar qué cargo le confiaría, pero todo hace suponer que será uno de alto nivel, en el interior de una hipotética administración demócrata, en la que la "Clinton machine" volverá a funcionar como un tándem. Igual que cuando Bill nombró a Hillary como jefa de la Unidad para la Reforma de la Sanidad Nacional. En aquel momento sus detractores consideraron inapropiado que una primera dama jugase un rol central en las gestiones políticas, mientras que sus partidarios replicaron que los electores eran concientes del rol activo de Hillary. De hecho, durante su campaña, Bill declaró que votar por él significaba tomar "dos al precio de uno", en alusión a las habituales ofertas de compras. Ahora su mujer le devuelve el favor prometiendo una Casa Blanca para dos, lo que algunos periodistas ya han bautizado como la gestión "Billary".
Sin dudas un recurso poderoso, pero de doble filo, ya que si bien nadie la apoyó como su marido, también la perjudicó, exponiéndola a ataques y críticas por temas como las infidelidades y engaños conyugales, temas que explotó en campaña el principal rival republicano, el magnate Donald Trump.
Así jugadas las cartas, llevar a Bill a la Casa Blanca no como "primer marido" sino como estadista responsable de la reactivación económica podría salir bien como resultar una mala movida, ingresando en el listado de doce motivos por los que Hillary puede perder las elecciones sugeridos por el diario The New York Times.
En esta lista figuran sus actos fallidos, su incapacidad de transmitir entusiasmo y confianza, el riesgo de deslizarse muy a la izquierda para complacer a los electores de Bernie Sanders o a la derecha para interceptar votos de republicanos contrarios a Trump, el no reaccionar ante los ataques del magnate, la espada de Damocles del "Emailgate" y su apoyo al ataque contra Libia.
Pero, más en general, como sintetizan sus propios seguidores, se halla el hecho de aparecer como una candidata convencional en una campaña no convencional, como una representante del establishment, en un momento de rabia y descontento popular, una desafiante oscurecida por la omnipresencia mediática de Trump. Entonces cabrá preguntarse en adelante: ¿bastará el viejo Bill para salvarla?
| Agencias ANSA y DPA |


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