Con cuatro cierres sucesivos que superaron marcas la semana pasada, la Bolsa se sobrepuso a los fantasmas del “brexit” y las tasas. ¿Irá más lejos?
¿Hacia arriba o hacia abajo? ¿Bull o bear? La pulseada duró más de un año; sobrevivió a dos correcciones, una suba de tasas de interés de la Fed, y un "brexit", hasta que remató con Wall Street coronando una nueva cumbre. Con el envión de una economía que siempre resucita a tiempo, la embestida de los toros se llevó puesta la tranquera. Cuatro cierres en sucesivos récords, de lunes a jueves, quebraron una resistencia de techos múltiples que databa de mayo de 2015. Se dice que no hay mal que por bien no venga, los presagios del "brexit" -y el mensaje sombrío de las tasas negativas- sirvieron a manera de purga. Las malas noticias limpiaron las manos dubitativas y allí se advirtió el fondo firme. Tras la irrupción de un informe de empleo robusto, y con un camino libre de obstáculos, el ascenso a la cima tuvo la velocidad del rayo. A sus siete años de vida, el mercado bull demostró conservar plena vigencia. ¿Le sobrará vigor para ir más lejos? No necesitará demasiado y la inercia ahora sopla de cola. No hay mucha exposición en acciones. Quienes viven de cotejar su desempeño con el de la Bolsa se verán forzados a comprar papeles para cerrar la brecha. En los EE.UU. los fondos comunes que invierten en acciones dejaron de sangrar recursos, una constante desde diciembre de 2014. Y recibieron 10.800 millones de dólares en ingresos netos, el mayor registro semanal desde octubre. No es que el "brexit" sea irrelevante. Los fondos que invierten en los EE.UU. atrajeron 12.600 millones, los que operan con acciones europeas expulsaron 5.800 (emergentes, gran noticia, quedó del lado de los buenos). Y hay espacio en el tanque para añadir combustible. Los fondos de equity manejan 123 mil millones menos que a principios de año y los del mercado monetario, que rinden nada, y llegaron a acumular un total de casi 740 mil millones, tras afrontar una salida neta de aproximadamente 60 mil millones de dólares, aún retienen la otra mitad de lo que ganaron gracias a las turbulencias de enero y febrero. La batalla con los osos se definió remando contra la corriente de la fuga de recursos, y si ahora la dirección de los flujos se revierte y juega a favor aceitará la continuidad del avance.
Nadie más escéptico sobre las condiciones de vida en la Tierra, al menos sobre la faz de la Bolsa, que los inversores sentados en la montaña de bonos con rendimientos bajo cero, que llegó a trepar hasta los 13 billones de dólares. ¿Qué saben las tasas largas, qué secreto las espanta que las acciones ignoran? En potencia, el "brexit" pudo ser un momento Lehman; en concreto, hasta el presente (porque la saga continúa) fue apenas un fugaz episodio Bear Stearns. La economía mundial no se congeló; la "brexitis", la epidemia secesionista entre los europeos, sí. En los EE.UU., el empleo, la actividad manufacturera y las ventas minoristas redoblaron sus bríos. Y la temporada de balances arrancó con el pie derecho. Alcoa, JP Morgan y Citigroup batieron el parche de números alentadores. La de los bancos, tras el "brexit", era una parada difícil. Wells Fargo no pudo superarla y recibió el merecido castigo, pero sin ningún atisbo de contagio hacia el resto. Si en Wall Street brota una primavera, el hielo se derretirá. Y ya se registra un ascenso de 20 puntos base en las tasas de diez años.
Horizonte
Así las cosas, de no mediar imponderables (como la convención republicana), nos aguarda un plano inclinado en forma de embudo que hará más sencilla la atropellada de los toros. Ni siquiera se exige, a esta altura, la constancia de un muy buen balance; sólo que supere una mediocre expectativa. La temporada será brillante si consagra un horizonte mediato de clara mejoría (con 2017 en la mira). Lo que se requiere de las empresas, y faltó el trimestre pasado, es una promesa convincente de que las condiciones de negocios vuelven a resultar propicias. Paradójicamente, demasiado fervor (en la economía y los mercados) sería un peligro. Wall Street no luciría tan rozagante si la Fed pudiera imitarla, y retomase su propio sendero a la normalidad.
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