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Wall Street va paso a paso
Ese vaivén -un filtro depurador- es saludable. WallStreet no trepa este año como una exhalación. Pisa una y otra vez el terreno antes de conquistarlo. Desconfía. Si hace falta, se estaciona un par de meses en un corredor lateral. Rota y cambia de sectores. Y guillotina sin piedad aún a los papeles que, hasta un instante antes, podía considerar prima donnas. El "momentum" no es todo, la valuación incide (aunque es verdad que se toleran los talles holgados). "Son mercados eufóricos" alerta el Banco de Ajustes de Basilea (BIS) pero la realidad dubitativa del día a día no lo convalida (aunque así parezca ex post, a la distancia). Los precios suben con volúmenes que son más y más exiguos. No hay una invasión de recién llegados ni entusiasmo en alza de inversores minoristas (el sentimiento bear registró el salto semanal más abrupto desde abril). Conocidas las tribulaciones del Banco Espirito Santo, el S&P500 abrió con una brecha (gap) bajista de precios como no sucedía desde marzo. Y el baqueteado Russell 2000, como no registraba desde 2012. Y hay mucho celo en ver cómo se cierran las cicatrices. Los bancos europeos, por caso, quedarán marginados en la banquina hasta nuevo aviso. Mientras tanto, la economía cura sus heridas. Los grandes cucos del pasado reciente -por caso, los déficits gemelos de EE.UU., o la crisis inmobiliaria- están encauzados. Y, por último, nadie -ninguna acción- se exime sin pasar la prueba de los balances. Temporada que, dicho sea de paso, acaba de comenzar con el buen pie de Alcoa, y con Wells Fargo sin sobrarle nada.
La Bolsa también se cuida de la Fed. Podría decirse que hoy Wall Street es más prudente que la propia Janet Yellen. Leer las minutas de las reuniones, el año pasado en tiempos de Bernanke, era siempre quedar escaldado. Ahora es al revés, descomprime tensiones. Y conste que en esta semana la Fed hizo oficial el final del tapering. La última compra de bonos -15 mil millones de dólares- ocurrirá en octubre. Luego sólo sobrevivirá la reinversión de cupones. Hablar de "tapering" estremecía a los mercados en 2013. Ejecutarlo y liquidar el QE3 por completo, la faena en curso, ya no asusta. Así, ¿se depende más de la Fed? ¿O menos? La suave pero eficaz Yellen ya instaló como tema de conversación lo que viene: la suba de las tasas de interés. Charles Plosser, de la Fed de Chicago, recitó el jueves el mismo mantra de Mark Carney (del Banco de Inglaterra): el ajuste podría comenzar antes de lo que la mayoría piensa. Esther George, de la Fed de Kansas City, fue más lejos aún, dijo que debería ocurrir este año. Y lo admirable (impensable meses atrás) es que a nadie se le mueve un pelo. En parte, es verdad, porque son voces aisladas; a la voluntad que comanda la Fed no la persigue tanta prisa. Pero, lo valioso es que el asunto dejó de ser tabú. Es una realidad concreta: tarde o temprano, las tasas cortas van a subir, y las tasas largas no se apartan por ello de un impensado 2,50 % cuando costaba contenerlas en el 3% a principios de enero. El gran interrogante existencial de las políticas de estímulo extraordinario -cómo abandonar la tasa cero y remontar de nuevo el barrilete de la normalidad- no es el corcel indomable que parecía. Si es así, la Bolsa está mejor pisada que lo que también puede parecer.


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