9 de septiembre 2009 - 00:00

Ya hay 600.000 cajas de seguridad. Impulsan más

El modelo productivo logró un inesperado auge en una particular industria: las cajas de seguridad. Ya hay 600.000 en todo el sistema financiero argentino, producto de los temores que tienen los ahorristas. El inminente impulso del Congreso a un proyecto de ley para gravar la renta financiera (hoy, los plazos fijos están exentos en Ganancias para personas físicas) no hará más que alimentar esta tendencia creciente que, en realidad, se vino alimentando desde el Plan BONEX, «corralitos», estatizaciones de las AFJP y otras de tenor semejante.

En esta oportunidad, el proyecto toma al sistema financiero ya jibarizado. El crédito al sector privado es de sólo el 12% del PBI en la Argentina, cuando era el doble en la década de los 90. En Brasil es del 25%, y Chile es del triple, del 45%. En los países desarrollados, llega al 100% con el extremo de Japón, que es del 120% del PBI.

La medida, de ponerse en práctica, tampoco sería muy popular. Es que hay más de un millón de ahorristas con plazo fijo, los que deberían empezar a pagar Ganancias por los intereses. El total depositado por el sector privado es de $ 59.000 millones. Curiosamente, quien está a favor de la medida es Alfonso Prat Gay, ex titular del BCRA y economista del JP Morgan. Dentro del eslogan de «renta financiera» está gravar las ganancias de capital por las variaciones en los títulos de deuda, una autoflagelación, para un país sin crédito en los mercados del exterior y que eventualmente quiera aspirar a que inversores locales financien al Gobierno.

Coincide esta presión del Congreso por la «renta financiera» con un buen momento en los mercados. Es que el sólo hecho de que Amado Boudou haya utilizado palabras como «artículo IV del FMI» (la revisión a la que se someten los 181 países miembros menos la Argentina), «volver a los mercados», «Club de París» y «bonistas» fueron suficientes para reducir el riesgo-país y aprovechar la corriente a favor desde Wall Street. Incluso el canje de la deuda en pesos cerrado ayer fue bien visto por los operadores, que no esperaban una participación elevada de entidades privadas. Aun así, el riesgo-país está lejos de acercarse al de Venezuela o Ucrania, que también están en la zona de descenso entre los emergentes. Curiosamente, Venezuela es más estatista aún que el Gobierno argentino, pero sin embargo paga menos (o, lo que es lo mismo, tiene menos riesgo para inversores). Pero todo tiene explicación: si bien el lenguaje de Hugo Chávez repele inversores de todo tipo, nunca habló de una cesación de pagos o quita arbitraria en la deuda. Y no lo hace Chávez por simpatía con los mercados, sino porque la petrolera estatal PDVSA tiene activos que pueden ser sujeto de embargo en Estados Unidos y otros países. Pertenecer tiene sus beneficios. En la Argentina, la estatización de las AFJP hizo pensar que todo es posible. Por ello la diferencia de riesgo que perciben los inversores. Acercarse a Ucrania o a Venezuela no será fácil, pero sí lo será alejarse, como con proyectos como el de gravar la renta financiera, en una plaza ya de por sí castigada por festivales impositivos de todo tipo.

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