31 de marzo 2010 - 00:00

“Ya nadie cree que el Estado sea bueno manejando la economía”

El Premio Nobel de Economía, Gary Becker, explicó que la reforma sanitaria recientemente aprobada por el Senado norteamericano «es un mal proyecto»; también dijo que nadie vio venir la crisis financiera y que el principal error fue sobrestimar la capacidad de respuesta de la Reserva Federal. Amigo de Milton Friedman y ganador de la medalla John Bates Clark, Becker se reconoce como un «optimista» y explica que pueden haber otras crisis en el futuro, pero desde la Segunda Guerra Mundial el panorama global es de crecimiento. A continuación algunos de sus principales conceptos, recogidos en una nota de The Wall Street Journal.

Gary Becker
Gary Becker
  • La reforma sanitaria es un mal proyecto. El sistema de salud en Estados Unidos es bastante bueno, pero tiene unas cuantas debilidades. Esta ley no las arregla. Agrega impuestos y regulación. Va a encarecer los costos, en lugar de contenerlos.

  • Acá en Estados Unidos gastamos cerca del 17% de nuestro PBI en cuidados de la salud. Pero los gastos de nuestro bolsillo representan sólo el 12% del total que se gasta en el sistema de salud. En Suiza, donde gastan sólo el 11% del PBI en salud, los gastos del bolsillo propio de las personas equivalen al 31% del total del costo. La diferencia entre 12% y 31% es enorme. Una vez que las personas comienzan a gastar sumas considerables de sus propios bolsillos, están dispuestas a abandonar todo. El mercado ordinario de incentivos comienza a operar. Un buen proyecto debería alentar esto.

  • Se puede hacer competir a los grupos de interés. Es lo que pasa con la industria automotriz. Las empresas en Detroit quieren políticas proteccionistas. Pero los importadores de autos quieren tratados de libre comercio. Entonces discuten para resolverlo. Ahora bien, a veces en esas peleas las fuerzas de la oscuridad prevalecen y a veces lo hacen las fuerzas de la luz. Pero si se tienen grupos de intereses compitiendo no se termina con un sesgo sistemático que lleva a una mala política.

  • La gente tiende a adjudicarles buenas intenciones a los gobiernos. Si se asume que los funcionarios del Gobierno tienen buenas intenciones, entonces también se va a tender a asumir que estos funcionarios siempre actúan en persecución del bien público. La gente entiende que los empresarios e inversores, por contraste, sólo tratan de hacer plata y no actúan persiguiendo el bien público. Por eso siempre estamos frente a un tipo de desconfianza en la construcción de los mercados. Siempre está la tentación de creer que los mercados tienen éxito saqueando al desafortunado.

  • Uno de los puntos que me explicó el ex secretario del Tesoro, Hank Paulson, fue que el pueblo estadounidense reaccionó inesperadamente indignado cuando el Estado rescató a los bancos. El pueblo estadounidense no quiere una expansión del Gobierno. Ellos quieren más de lo que proveyó Reagan. Ellos quieren un Gobierno limitado y crecimiento en la economía. Yo espero que ellos digan eso en las elecciones de noviembre.  

  • Durante la crisis financiera tanto el Gobierno como los mercados, o algunos aspectos de los mercados, fallaron. La Reserva Federal mantuvo la tasa de interés demasiado baja por demasiado tiempo. Freddie Mac y Fannie Mae cometieron el error de participar en el mercado con instrumentos «subprime». Y conforme se desarrollaba la crisis, la respuesta de los reguladores falló. La Fed y el Tesoro no vieron venir la crisis hasta que fue muy tarde. La SEC tampoco la vio.

  • Los mercados también cometieron errores y alguno de nosotros, que estudiamos los mercados, también. Algunos de mis colegas de Chicago sobrestimaron la habilidad de la Fed para subsanar estas interrupciones. Yo no escribí mucho acerca de la Fed, pero si lo hubiera hecho, probablemente también la hubiera sobrestimado. Como los bancos desarrollaron nuevos instrumentos, los economistas les prestaron muy poca atención a los riesgos sistemáticos, el riesgo que los instrumentos plantean para el agujero del sistema financiero, en oposición a los riesgos que plantean para las instituciones individuales.

  • Yo aprendí de Milton Friedman que de vez en cuando va a haber problemas financieros, por lo que no me sorprendí cuando llegó la crisis. Pero sí me sorprendió que la crisis se extendiera a la economía real. No esperaba que la crisis fuera tan grave. Ese fue mi error.

  • Si se mira el crecimiento en países desarrollados desde la Segunda Guerra Mundial, incluso si se toman en cuenta las recesiones que hubo, sobre todo ésta, se termina con un buen promedio. Por eso, después de una recesión tan grave como la actual, pienso que es un precio que vale la pena pagar.

  • Está el caso de los países emergentes. China, India y Brasil, donde mil millones de personas dejaron la pobreza desde 1990, porque sus países se dirigieron hacia economías basadas en mercados. Nadie discute o se arrepiente de eso.

  • Cuando Milton Friedman estaba empezando, la gente realmente creía que una economía manejada por el Estado era la manera más eficiente de promover el crecimiento. Hoy nadie cree eso, excepto quizás en Corea del Norte. Si se va a China, India, Brasil, la Argentina, México, incluso Europa del Este no piensan así. La mayoría de los economistas menores de 50 años tienen una orientación libremercadista. Ahora bien, hay diferencias en el énfasis. Esta orientación a los mercados es una gran victoria intelectual que ya tuvo su efecto en la política. En los años que vienen el impacto será mayor.


  • Cuando pienso en mis hijos y mis nietos sé que ellos van a tener que pelear. La libertad no puede ser conseguida de forma barata. Pero no es una batalla sin esperanzas, por ningún motivo. Yo me mantengo básicamente optimista.