24 de febrero 2009 - 00:00

Zabludovsky: arquitectura aliada con la naturaleza

El Teatro de la Ciudad de Aguascalientes, cuyos volúmenes geométricos, como en todas las obras del arquitecto mexicano Abraham Zabludovsky, parecen salidos directamente del suelo.
El Teatro de la Ciudad de Aguascalientes, cuyos volúmenes geométricos, como en todas las obras del arquitecto mexicano Abraham Zabludovsky, parecen salidos directamente del suelo.
Hace sesenta años se graduaba como arquitecto Abraham Zabludovsky (1924-2003), cuyos diseños son una presencia permanente en la historia arquitectónica y el imaginario urbano de México. Con más de doscientas obras que abarcan una variada gama de tipología, realizó aportes sustantivos a la arquitectura que lo inscribieron entre los más notables creadores latinoamericanos.
«Muy pequeño, recién llegado de Polonia, vivía con su familia en un barrio cercano al Distrito Federal, del cual recordaba especialmente a un personaje que sería clave para su vocación. Aquel hombre era un maestro de obras que lo llevaba de niño a ver sus edificios que empezaron a provocarle misterio e interés al ver esas paredes que al principio no tenían congruencia y al final generaban un espacio muy impresionante», recuerda Sergio Arroyo, Director del Instituto Nacional de Antropología e Historia, en el prólogo a la exposición antológica que se presentó en la Galería de Arte Contemporáneo y Diseño de Puebla.
Graduado como arquitecto en 1949, a los 25 años, la primera etapa de Zabludovsky se concentró en el diseño de edificios de departamentos, viviendas unifamiliares y conjuntos habitacionales, donde fue afianzando un estilo propio y la búsqueda permanente de las tradiciones mexicanas. Sus diseños hallan siempre el justo equilibrio entre la necesidad y la respuesta, las formas y los materiales, el orden y la imaginación.
«La arquitectura trata sobre el dominio y el confinamiento de los espacios», señaló. En 1951, Zabludovsky abrió su estudio propio. Formado en las enseñanzas racionalistas, fue un sobresaliente animador de la arquitectura regional y paso a paso estructuró una obra sólida y personal. José Villagrán García (1901-1982), que comenzó en México la batalla del racionalismo contra el estilo neocolonial, fue uno de sus más importantes maestros. Su primer momento de «trabajo y experimentación» fue entre las décadas de los cincuenta y los sesenta: departamentos y viviendas unifamiliares, que establecieron las bases de su discurso.
La influencia de maestros como Villagrán y O'Gorman, así como la práctica de la vanguardia internacional de Neutra y Niemeyer, se reflejan en este período. La manifestación y diferencia de funciones a través del volumen y la expresión de los materiales fijaron el carácter a los primeros veinte años de su práctica.
Luego, a principios de los setenta, el hormigón adquirió un papel predominante, tanto en las viviendas como en las obras institucionales: se utilizaba como un material tectónico que funcionaba como estructura y terminación. Zabludovsky había explorado en sus edificios distintas versiones de esta propuesta, hasta que en 1967 realizó la sede de la Delegación Cuauhtémoc en el centro de la ciudad de México, con Teodoro González de León -su asociado en muchas obras-, que también vino a Buenos Aires a la Bienal de Arquitectura del Cayc.
Entre los grandes diseños que consolidaron definitivamente su renombre se puede mencionar el Colegio de México donde el patio central es la clave. A su alrededor se desenvuelve el edificio como en la tradición de los antiguos monasterios y centros de enseñanza. Está dotado de tres plataformas a distintos niveles que conducen a la biblioteca, el sector de aulas y el auditorio y los centros de estudio.
Escultura
Los volúmenes del Teatro Emilio Rabasa fueron tratados como si formasen una gran escultura. El vano de acceso y su pórtico son interrumpidos por el avance del cuerpo de servicios complementarios, una especie de cuña triangular. Dos de las fachadas se hacen resaltar con taludes de pasto para dirimir el impacto visual en el entorno de los muros de hormigón cincelado con grano de mármol. En la Embajada de México en Brasilia se destaca el pórtico como tema central del diseño en sus tres edificios: la Cancillería, la residencia del embajador y las siete casas para funcionarios, todos los cuales se escalonan a lo largo del predio.
El gran pintor Rufino Tamayo (1899-1991), heredero del muralismo, decidió donar su acervo a la ciudad de México en 1970, con la condición de que fuera expuesto en un museo creado a ese efecto, y solicitó un terreno en el Bosque de Chapultepec. Fue el propio Tamayo quien eligió a Zabludovsky para materializar el museo que debía atesorar su colección de arte contemporáneo («Quiero que tú levantes mi museo»). Lo había visitado en su casa de la Reforma y sintió que sus obras necesitaban un ámbito similar. Con el Museo de Arte Contemporáneo Rufino Tamayo, inaugurado en 1981, se inició la tercera etapa de su producción.
En el año 2001, en el contexto de un amplio proyecto estatal, se plantearon un complejo arquitectónico, el Teatro de la Ciudad y el Centro de Convenciones de Coatzacoalcos, como punto de partida para el desarrollo económico y social de esta región veracruzana. Aunque la obra sufrió demoras por problemas climáticos y también dificultades económicas, siempre continuó desarrollándose y finalizó con la más alta calidad. Zabludovsky falleció antes de su inauguración, pero la obra se completó según su diseño con el trabajo de su mujer, Alinka, y colaboradores.
El Centro de Convenciones tiene espacios para muestras de arte y un salón para 2.220 personas, que permite subdividirse hasta en cinco secciones. Existe además un auditorio reducido para 230 asistentes, y un restaurante-cafetería.
En todas sus obras los volúmenes de sensible geometría parecen crecidos desde el suelo, bajo el sol y el aire, como elementos con que el diseñador ha intervenido en la naturaleza para sumarse a ella en una verdadera alianza creativa. Algunas de sus obras fueron expuestas en la Bienal de Venecia dirigida por el maestro vienés Hans Hollein.
En nuestro medio, Zabludovsky fue distinguido con el Gran Premio Latinoamericano de la Bienal de Arquitectura (1988); y el Premio Vitruvio a la Trayectoria (2001), un reconocimiento a los protagonistas de las realizaciones más importantes de la región latinoamericana. Alinka, su mujer, vino especialmente a Buenos Aires para coordinar la organización de una muestra de las últimas obras en ocasión de la X Bienal de Arquitectura de Buenos Aires.

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