2 de julio 2026 - 09:38

El cobre pierde terreno en la fabricación de autos: el metal que eligen Ferrari, Tesla, BMW y las marcas chinas

La industria automotriz acelera el uso de cableado de aluminio para reducir costos y peso en vehículos eléctricos e híbridos. El cambio empieza a impactar sobre la demanda global de cobre, un metal clave para la transición energética.

El equilibrio será cada vez más sensible: cuanto más caro sea el cobre, mayor será el incentivo para reemplazarlo.

El equilibrio será cada vez más sensible: cuanto más caro sea el cobre, mayor será el incentivo para reemplazarlo.

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Ferrari y BMW se sumaron a Tesla y a fabricantes chinos de autos eléctricos en una tendencia que gana velocidad dentro de la industria automotriz: reemplazar parte del cableado de cobre por aluminio, un metal más barato y liviano.

El movimiento refleja un cambio relevante para el mercado global de metales. El cobre fue durante décadas el material dominante en el cableado eléctrico por su alta conductividad, pero su fuerte suba de precio y las restricciones de oferta llevaron a distintas compañías a buscar alternativas.

Según estimaciones de J.P. Morgan citadas por Reuters, la sustitución de cobre por aluminio afectará este año alrededor del 2% de la demanda mundial de cobre. Hacia 2030, ese porcentaje podría llegar al 6% si se profundiza la tendencia en sectores como automotriz, energía y electrodomésticos.

El cambio ocurre en un contexto de precios históricamente altos para el cobre. A fines de enero, la cotización llegó a rozar los u$s15.000 por tonelada, impulsada por una combinación de escasez de oferta y mayor demanda proveniente de energías renovables, redes eléctricas, centros de datos y vehículos eléctricos.

Por qué las automotrices miran al aluminio

La principal ventaja del aluminio es el costo. Mientras el cobre se mantiene en niveles elevados, el aluminio cotiza cerca de los u$s3.100 por tonelada, aproximadamente una cuarta parte del valor del cobre.

Pero el precio no es el único factor. Para la industria automotriz, y especialmente para los vehículos eléctricos, el peso es una variable decisiva. Cuanto más liviano es el vehículo, mayor puede ser su autonomía o menor la exigencia sobre la batería.

Ferrari, que ya utiliza aluminio en carrocerías, motores y chasis, comenzó el año pasado a incorporarlo en los cables de alimentación de su deportivo híbrido 296. Luego extendió su uso a otros modelos, incluido el Luce, su primer vehículo eléctrico.

Según la compañía, el uso de aluminio permite reducir hasta 20% el peso total del cableado. “No elegimos el aluminio porque sea más barato, sino el material que ofrece un mejor rendimiento”, afirmó Dario Esposito, ejecutivo de comunicaciones de Ferrari.

BMW, por su parte, comenzó a utilizar conductores de aluminio en 2011 en su Serie 1 y luego amplió progresivamente su uso a modelos híbridos y eléctricos. Actualmente, la automotriz alemana incorpora una gran cantidad de cables de aluminio tanto en sistemas de alta como de baja tensión en su última tecnología eDrive.

China y Tesla marcaron el camino

El avance del aluminio también está siendo impulsado por China, el mayor consumidor mundial de metales y el principal mercado de vehículos eléctricos. En marzo de 2025, el Gobierno chino alentó a las empresas a avanzar en la sustitución de cobre por aluminio, según documentos citados por Reuters.

Entre los fabricantes chinos que ya incorporaron cableado de aluminio aparecen AVATR, XPeng y Xiaomi, de acuerdo con la consultora de ingeniería Caresoft Global. La industria automotriz china tomó como referencia a Tesla, que fue pionera en el uso de aluminio para cableado con el lanzamiento del Model Y en 2019 y luego profundizó esa estrategia con la Cybertruck.

La razón económica es clara. En China, la guerra de precios entre fabricantes de vehículos eléctricos comprimió los márgenes de rentabilidad, por lo que cada componente más barato puede mejorar la competitividad.

El proveedor chino JONVER, especializado en componentes para vehículos eléctricos, informó que las ventas de productos de cableado de aluminio pasaron de representar cerca del 20% de su facturación en 2023 al 30% este año.

El límite: menor eficiencia y más emisiones

El reemplazo del cobre no está exento de desafíos. El aluminio es más barato y liviano, pero también menos eficiente para conducir electricidad. Para transportar la misma cantidad de corriente se necesita una mayor cantidad de material o diseños específicos que compensen esa diferencia.

Además, la producción de aluminio demanda una enorme cantidad de energía, lo que puede implicar mayores emisiones de gases de efecto invernadero si no se utilizan fuentes limpias. Ese punto se vuelve especialmente sensible para compañías que buscan reducir su huella de carbono.

También hay aplicaciones donde el cobre sigue siendo difícil de reemplazar. Según Nexans, uno de los mayores fabricantes de cables del mundo, las empresas seguirán usando cobre en segmentos donde su rendimiento sea superior, pero comenzarán a migrar hacia aluminio cuando el precio del cobre supere en torno a 3,5 veces al del aluminio. Actualmente, esa relación ya supera las 4,2 veces.

Qué implica para el mercado del cobre

La sustitución no elimina la demanda estructural de cobre, pero puede moderar parte del crecimiento esperado. El metal sigue siendo clave para redes eléctricas, energías renovables, infraestructura de transmisión, centros de datos, inteligencia artificial y electrificación del transporte.

Sin embargo, la señal de la industria automotriz es relevante. Si los precios se mantienen en niveles elevados, más compañías podrían rediseñar sus cadenas de suministro y reemplazar cobre por aluminio en componentes donde el desempeño técnico lo permita.

Consultoras chinas estiman que entre el 25% y el 30% de los componentes que hoy se fabrican con cobre, medidos por volumen de metal, podrían ser sustituidos por aluminio en sectores de energía, automotriz y electrodomésticos hacia 2030.

Para los países productores o con proyectos cupríferos, el cambio representa una advertencia. La demanda de cobre seguirá siendo alta por la transición energética y la expansión tecnológica, pero los precios elevados también aceleran la búsqueda de sustitutos.

El equilibrio será cada vez más sensible: cuanto más caro sea el cobre, mayor será el incentivo para reemplazarlo. Y cuanto más avance el aluminio en vehículos eléctricos, cableado e infraestructura, más presión tendrá el mercado para ajustar sus proyecciones de demanda.

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