12 de junio 2026 - 12:41

Natalia O'Byrne, de Fitch: "Hay mucho interés de inversionistas por entrar al mercado argentino"

Fitch ve en energía y minería una oportunidad para atraer inversiones y divisas, aunque advierte por tarifas, subsidios y rezago industrial.

Según Fitch, energía y minería aparecen como sectores con capacidad rápida para generar dólares, fortalecer reservas y atraer capital externo, pero el riesgo es que ese impulso no se derrame al resto de la economía.

Según Fitch, energía y minería aparecen como sectores con capacidad rápida para generar dólares, fortalecer reservas y atraer capital externo, pero el riesgo es que ese impulso no se derrame al resto de la economía.

Para Natalia O’Byrne, senior director de Energy, Power and Utilities Latam de la agencia Fitch, Argentina atraviesa una etapa de normalización del sector energético que mejora las señales para la inversión. La ejecutiva destacó los ajustes tarifarios, la indexación por inflación y el traslado más oportuno de costos como factores que dan mayor previsibilidad a generadoras y distribuidoras, al tiempo que permiten reducir distorsiones y limitar la necesidad de transferencias de CAMMESA. En ese marco, sostuvo que la focalización de subsidios será clave para que la corrección tarifaria sea sostenible y llegue sólo a los sectores que realmente lo necesitan.

En paralelo, O’Byrne señaló que Vaca Muerta ya es una realidad y que la Argentina tiene una posición competitiva por sus bajos costos de extracción, aunque todavía debe resolver cuellos de botella en transporte para ampliar exportaciones de petróleo, gas y GNL. También remarcó que el RIGI puede acelerar inversiones por su aporte en beneficios fiscales, acceso a divisas y seguridad jurídica.

Según Fitch, energía y minería aparecen como sectores con capacidad rápida para generar dólares, fortalecer reservas y atraer capital externo, pero el riesgo es que ese impulso no se derrame al resto de la economía. La ejecutiva advirtió que la industria manufacturera sigue rezagada, necesita modernización e inversión, y que el país debe evitar depender sólo de recursos naturales para sostener su crecimiento.

Periodista: ¿Cuáles son las perspectivas que están viendo para la región?

Natalia O’Byrne: En utilities, la perspectiva que tenemos es de deterioro o de cierto debilitamiento. Cada geografía tiene sus particularidades. En México estamos viendo una reforma energética importante, que busca incorporar inversión para ampliar capacidades de generación y atraer inversión privada para desarrollar el sector. Recientemente, se asignaron nuevos esquemas de inversión, los esquemas mixtos que desarrolla la Comisión Federal de Electricidad, sobre todo para ampliar inversiones en renovables. En Centroamérica también hay un foco relevante en desarrollos renovables y algunas plantas térmicas que entraron en operación en Panamá. Eso fortaleció y robusteció el sistema. En toda la región estamos monitoreando la ocurrencia del fenómeno del Niño, que puede impactar las capacidades de generación de algunas compañías. Dependiendo del lugar de América Latina, puede tener un efecto u otro: sequía o lluvias intensas. En la parte alta de América Latina esperamos sequías importantes que pueden afectar la generación. En Colombia ocurre algo similar. Hay limitaciones de capacidad y recientemente se hizo una subasta de energía con la idea de incorporar nuevas capacidades de renovables no convencionales para ampliar un sistema que estaba bastante estrecho. También estamos atentos al impacto que pueda tener El Niño sobre la generación. En Chile hay un desarrollo muy importante de renovables no convencionales. Allí estamos monitoreando el desarrollo de energía renovable, sobre todo solar. También se están desarrollando proyectos de baterías con remuneración de capacidad, lo que va a permitir estabilizar el sistema.

P.: ¿Y en el caso de Argentina?

N.O.B.: Estamos monitoreando la liberalización y la transformación que atraviesan el sistema de energía eléctrica y la distribución de gas. Con las reformas que se vienen haciendo desde el año anterior se están introduciendo cambios importantes para liberalizar y normalizar el traslado de costos, hacerlo más eficiente y más preciso, tanto en costos como en gastos e inversiones. También se vienen dando ajustes tarifarios periódicos e indexados por inflación. Eso trajo más transparencia al sistema y permite que funcione de forma más eficiente, con una tendencia hacia un esquema basado en precios marginales. Esos precios marginales pueden dar mejores señales de inversión. También está la transición del rol de CAMMESA, que con los años fue acumulando un número importante de actividades y roles, y la idea es ir desmontándolos para que retome su actividad principal como administrador del sistema.

P.: ¿Qué cambió?

N.O.B.: Ese proceso implica que las generadoras manejen su propio suministro de combustibles y que las distribuidoras contraten la energía. Empieza a funcionar un sistema más de libre mercado, donde las compañías pueden estar en el mercado a término o en el mercado spot, con libertad de precios. Lo importante es tener señales de precios más transparentes y precisas para la toma de decisiones de inversión. Tenemos varias compañías calificadas en generación y distribución de energía, que son emisores importantes en el mercado de capitales local e internacional. Todo este proceso ayudó a que los flujos de caja y las perspectivas de generación operativa sean más estables y visibles, con menos volatilidad, en la medida en que se estabilizan los ajustes regulares de tarifas y hay un traslado oportuno de costos. Eso va saneando el sistema. Al mismo tiempo, se requieren menos transferencias de CAMMESA para cubrir los costos de energía de las generadoras y, cuando se normalizan los pagos, se limitan las necesidades de capital de trabajo que antes presionaban la liquidez de las compañías.

vaca muerta añelo petroleo gas

P.: ¿Y la producción?

N.O.B.: Si uno mira oil and gas, hay grandes inversiones y Vaca Muerta ya es una realidad. Hay expectativas de crecimiento importante de la producción en los próximos años, que apoyan las reservas del país. Pero eso también exige desarrollar toda la infraestructura de transporte. El upstream ya muestra buenos resultados por inversiones realizadas durante los últimos 15 o 20 años, pero todavía hay que solucionar cuellos de botella en transporte para evacuar el producto. Ahí aparecen proyectos muy importantes como Vaca Muerta Sur, la ampliación del Perito Moreno para gas, el proyecto de GNL de YPF y el proyecto de líquidos de TGS en Tratayén. Son iniciativas que ayudan a eliminar limitaciones de evacuación de producto. Otro elemento que favoreció el desarrollo del sector es el RIGI. Sin duda promueve y atrae inversión, no sólo por beneficios fiscales y tributarios, sino también por la posibilidad de acceder o mantener recursos en moneda fuerte y normalizar la transabilidad de la moneda. Eso es relevante para las compañías.

P.: Sobre el RIGI hay críticas respecto de que no hacía falta un sistema tan beneficioso para las empresas porque esas inversiones iban a llegar igual. ¿Cómo lo ve en comparación con otros modelos del mundo para el sector?

N.O.B.: Creo que el RIGI favorece la atracción de inversión en un país que necesitaba normalizar condiciones. Argentina venía sujeta a muchas variaciones y distorsiones de mercado, por ejemplo en la fijación de precios. El RIGI no sólo otorga beneficios tributarios u otros beneficios para las compañías, sino que también da seguridad jurídica hacia adelante. Ese es un elemento importante porque ayuda a recuperar la confianza de los inversionistas. Argentina, como todos los países de América Latina, compite por recursos escasos. Los mismos inversionistas que pueden mirar a Argentina también pueden ir a Brasil, Chile o Colombia. Programas como este pueden ser controversiales a nivel interno, pero promueven y atraen inversión porque establecen condiciones claras. Permiten saber cuáles serán las reglas que se mantendrán, planificar inversiones y calcular retornos. Un elemento importante del RIGI es la autorización para acceder a recursos en moneda fuerte para pagar obligaciones en dólares o en otra moneda fuerte. También está la posibilidad de que, después de cuatro o cinco años, las compañías puedan tener mayor control sobre los recursos de exportación. Eso es importante dentro del proceso de normalización de las condiciones de mercado y de recuperación de la libre transabilidad.

P.: Con la mejora de la calificación de la deuda argentina, ¿qué perspectivas ven para el sector energético?

N.O.B.: En términos del sector energético vemos oportunidades interesantes. Hay megaproyectos en marcha. El proyecto de la planta de líquidos de Tratayén es de alrededor de u$s3.000 millones y el proyecto de GNL de YPF ronda los u$s25.000 millones. Son proyectos muy grandes que van a requerir inversión extranjera o recursos del exterior, ya sea vía deuda o a través de la estructura que finalmente se defina. También hay proyectos de energías renovables no convencionales: solares, eólicos y baterías. Hace poco se realizó una subasta de baterías y habrá que ver cómo termina ese proceso, pero son señales favorables que pueden atraer inversión. Argentina está en un camino positivo, aunque no se puede desconocer que acaba de salir de las triple C, que para nosotros implica un nivel donde existe riesgo de incumplimiento inminente. Está pasando de una economía en estrés a una normalización de condiciones macroeconómicas, todavía en los rangos bajos de la escala, pero con una evolución positiva. En la medida en que esa normalización avance, seguramente llegará inversión. Hay mucho interés de inversionistas por entrar al mercado. La gran pregunta es la estabilidad y permanencia de estas reformas. Pareciera que se van a mantener. También es difícil revertir cambios asociados a inversiones importantes para Vaca Muerta y el sector energético. De todos modos, quedan grandes retos, no sólo en generación, sino también en transmisión, donde harán falta inversiones relevantes.

P.: En términos concretos, ¿qué cambió en Argentina que el sector energético aparece como uno de los que más atrae inversiones, empleo y divisas?

N.O.B.: Veo una confluencia de factores positivos. Por un lado, el comportamiento de los precios internacionales del petróleo es favorable. Revisamos hace poco nuestra perspectiva de precios: no se trata de una proyección puntual, sino del nivel en el que creemos que puede comportarse el mercado. Estamos viendo precios de u$s87 y luego niveles alrededor de u$s70 para los años siguientes. Hay unas condiciones favorables en términos de precios. También se están recogiendo los frutos de inversiones realizadas durante los últimos 15 o 20 años para desarrollar proyectos no convencionales. Argentina tiene una posición competitiva muy favorable. Si se miran los costos de extracción, los lifting costs de Vaca Muerta son muy competitivos a nivel global. Están en niveles de u$s10 y se habla incluso de que podrían llegar a u$s6 o u$s4. Eso le da mucho margen al productor para sortear la volatilidad de precios. Además, es un sector altamente demandado. Hay una demanda global importante de energéticos y eso posiciona a Argentina en un lugar relevante. Es un generador de divisas rápido: es un producto con demanda y puede aportar divisas al país de forma veloz. Allí se están alineando los incentivos a la inversión con la extracción de petróleo y gas. También hay proyectos mineros interesantes. Hace algunos años quizás Argentina no era vista como un país minero-energético con concentraciones relevantes en estos productos. Pero son sectores que pueden desarrollarse. Los proyectos mineros suelen tener plazos más largos, pero ya hay avances interesantes, como los vinculados al litio y otros proyectos cercanos a la frontera con Chile, en oro, cobre y otros minerales. Eso también puede ayudar a generar divisas y reservas, y contribuir a la estabilización.

P.: Pero hay problemas con el modelo económico

El otro lado de la moneda son los sectores que todavía están en recuperación, como la industria manufacturera, que aún no termina de arrancar y necesita modernización e inversión para recuperar competitividad. Estos procesos de transformación suelen ser dolorosos porque algunos sectores avanzan a mayor velocidad que otros. La idea es que los beneficios de la mejora macroeconómica, el fortalecimiento de reservas y la mejora de la calificación soberana se permeen hacia todo el sector productivo.

Petróleo gas natural GNL dólares

P.: ¿Qué perspectiva tienen para el precio del crudo?

N.O.B.: Las perspectivas son favorables porque hay presiones importantes sobre los precios. La expectativa es que puedan tocar niveles de u$s100 o incluso u$s110 o u$s120 antes de que se resuelva el conflicto. También se espera que el conflicto dure unos meses más, quizá alrededor de cinco meses, y que luego la producción se recupere rápidamente. Después del conflicto, el precio probablemente no se mantenga en niveles de u$s100, sino que baje hacia u$s87 y, más adelante, se mantenga sobre los u$s70. Al parecer, las facilidades de producción de petróleo y gas en Medio Oriente no están tan dañadas, por lo que podría haber una recuperación rápida. Además, hay niveles de inventario que ayudarían a atender los picos de demanda, especialmente con la llegada del invierno en el hemisferio norte.

P.: ¿Qué debería hacer Argentina para aprovechar este momento del mundo y del petróleo?

N.O.B.: Para Argentina es un momento coyuntural interesante. Si se solucionan los temas de transporte, eso permitirá evacuar producción. Es el facilitador para sacar gas, gas licuado y petróleo. Argentina es sobre todo productora de gas, porque buena parte de las reservas de Vaca Muerta son gas. Desarrollar esa capacidad permitirá aprovechar mejor el energético y reducir importaciones en los momentos de mayor demanda del año. Todo eso ayuda a estabilizar las reservas internacionales, que ha sido una de las grandes preocupaciones macroeconómicas. En la medida en que mejore el riesgo país, también bajarán los costos de fondeo y aumentará la atracción de inversión. Es una oportunidad para aprovechar rápidamente un activo que el país ya tiene. A eso se suman otros puntos fuertes, como el sector agrícola, que es un gran generador de divisas, aunque estuvo golpeado por el costo de fertilizantes a raíz de la guerra. También hay proyectos que son interesantes y están vinculados al sector de oil and gas. Hacia adelante, el desafío más lento es el sector manufacturero, que necesita recuperar competitividad global. No es tan rápido como invertir en un recurso natural, extraerlo y exportarlo. Requiere desarrollar competencias y recuperar relaciones comerciales en un mundo muy competitivo.

P.: ¿Cómo se hace para que el desarrollo de recursos naturales sea sostenible y no pase lo que ocurrió en Venezuela con el petróleo o en Bolivia con el gas?

N.O.B.: La sostenibilidad viene del desarrollo de otros sectores. El país no puede depender sólo de un producto transable global que le trae divisas. La inversión tiene que orientarse también al desarrollo industrial. Ese es el gran riesgo de la llamada enfermedad holandesa: recibir grandes divisas que terminan generando presiones inflacionarias si no van acompañadas por un aumento del nivel productivo interno. Argentina tiene una base manufacturera interesante, aunque perdió competitividad en los últimos años por las distorsiones y volatilidades macroeconómicas. Esa base industrial debería recuperarse como un segundo paso dentro de las perspectivas de desarrollo. Si los recursos que entran no se acompañan con inversiones productivas y generación de empleo, y se concentran sólo en bienes no transables, como propiedades o activos similares, pueden generar presiones inflacionarias. Esa es la tarea pendiente. También hay sectores intensivos en empleo, como vivienda, cuya recuperación puede ser importante para ampliar los beneficios del crecimiento.

P.: El año próximo hay elecciones y la economía será clave ¿cómo puede impactar una continuidad del actual gobierno o un cambio hacia un modelo más estatista en el sector energético?

N.O.B.: Sin entrar en temas políticos, creo que un modelo más de mercado, más amigable con la inversión, siempre es bueno para los países. En última instancia, los mercados se terminan regulando. Si los indicadores de precios reflejan la realidad del mercado, se puede atraer inversión productiva, ampliar la capacidad de generación de energía y cubrir necesidades de transmisión. Eso redunda en mejor servicio y precios más competitivos para los usuarios finales. Quitar distorsiones de mercado genera condiciones más favorables para el consumidor final. El gobierno probablemente tenga que focalizar subsidios en los segmentos de la población que más los necesitan, pero sin hacerlo a través de distorsiones en el sistema, porque eso termina poniendo una carga sobre las compañías que no necesariamente les corresponde. En el esquema anterior, o en parte del esquema que todavía existe, si CAMMESA se atrasaba en los pagos a los generadores, ellos tenían que financiar capital de trabajo, asumir costos de financiamiento y tomar deuda para cubrir esa necesidad. Esa carga no debería estar en cabeza del inversionista privado ni tampoco de una compañía estatal cuya vocación debería ser competir en condiciones similares a las de cualquier otro actor. Defiendo condiciones de mercado más estables y predecibles porque dan visibilidad de flujos de caja, ingresos y planificación de largo plazo. También permiten estructuras de financiamiento más eficientes. No es lo mismo financiar grandes inversiones con deuda de corto plazo que acceder a financiamiento de largo plazo con buena visibilidad de ingresos y confiabilidad en los flujos. Eso atrae inversión y permite desarrollar capacidad de generación, transmisión y mejor servicio.También puede atraer inversiones adicionales, como data centers, que se discuten en todo el mundo. Pero para eso se necesita energía estable y de calidad, además de otras condiciones como disponibilidad de agua. Es toda una cadena. Ya estar montados en un esquema que recupera precios marginales, como los que existían en los noventa, con señales de precios ajustadas y eficientes, puede permitir que toda la cadena se beneficie.

P.: ¿Cómo ven hoy el nivel de tarifas y subsidios en Argentina? ¿Los precios ya están en equilibrio con los estándares internacionales?

N.O.B.: No tengo claro el nivel exacto de subsidios, pero sí se han hecho ajustes muy grandes en tarifas, que permitieron desatrasar niveles históricos, sobre todo para el segmento de generación. No sabría decir si hoy los precios están en equilibrio con el mundo, pero sí tienden a ser más claros. El hecho de tener ajustes periódicos es muy importante. Las distribuidoras ya tenían esquemas más claros de fijación tarifaria, con traslado de costos. El gran tema estaba en la generación. Allí se vienen haciendo los ajustes necesarios, y la indexación periódica por inflación también da más visibilidad. El sistema tiende a que se terminen los contratos históricos de suministro de combustible y que esa gestión pase directamente a las generadoras. En ese momento se podrá reducir o eliminar parte de la distorsión de los subsidios. El usuario final puede verse beneficiado por un subsidio en el costo de la energía, pero eso finalmente lo tiene que pagar alguien. Si no lo paga en la tarifa, lo paga vía déficit fiscal, y en definitiva lo paga toda la población a través de las distorsiones impositivas y fiscales.

P.: Resta una mejor segmentación de tarifas diferencias y subsidios

N.O.B.: Por eso es muy importante la focalización de los subsidios: que lleguen a quienes realmente los necesitan. Es un tema de eficiencia en la asignación de recursos y ocurre en Argentina y en otros países de América Latina. Algunos países avanzaron más en identificar necesidades de la población vulnerable. En todo caso, este es un ajuste de todo el sistema: no se puede tocar sólo una parte de la cadena. La focalización será clave para lograr una asignación más eficiente de los recursos.

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