El futuro energético mundial podría depender de una molécula tan simple como el hidrógeno. Así lo plantea un nuevo informe de la Royal Society del Reino Unido, que analiza los avances y desafíos del desarrollo del hidrógeno natural y de bajas emisiones. La institución científica advierte que, pese al creciente interés político y empresarial, el mundo todavía está lejos de aprovechar el verdadero potencial de este vector energético.
Revolución del hidrógeno: qué propone la Royal Society para acelerar la transición global
El hidrógeno emerge como una de las piezas clave en la carrera hacia la descarbonización global. Pero según la Royal Society, aún faltan infraestructura, regulaciones y una estrategia global de inversión.
Se estima que la demanda global de hidrógeno limpio podría multiplicarse por diez hacia 2050, alcanzando unos 600 millones de toneladas anuales.
El documento, titulado “Natural Hydrogen Policy Briefing”, sostiene que el hidrógeno puede convertirse en una alternativa viable para sectores difíciles de descarbonizar, como la industria pesada, el transporte marítimo y aéreo, y la generación térmica, pero requiere una planificación global y grandes inversiones en infraestructura.
“Estamos en una etapa similar a la del gas natural en los años 70: hay entusiasmo, pero falta conocimiento, regulación y una visión compartida de largo plazo”, advierte el informe, que apunta a la necesidad de políticas públicas coherentes y cooperación internacional para evitar una nueva carrera desordenada de recursos.
El potencial del hidrógeno natural
A diferencia del hidrógeno verde, que se produce a partir de agua mediante electrólisis utilizando energías renovables, o del hidrógeno azul, que captura las emisiones del gas natural, el hidrógeno natural o geológico se genera de forma espontánea en el subsuelo terrestre.
La Royal Society estima que este tipo de recurso podría transformarse en una fuente energética de bajo costo y bajo impacto ambiental, siempre que se establezcan mecanismos de exploración, licencias y control ambiental adecuados. Países como Estados Unidos, Francia, Australia y Mali ya realizan perforaciones exploratorias, y varios gobiernos europeos evalúan marcos regulatorios para permitir su desarrollo.
“Podría haber grandes reservas subterráneas de hidrógeno natural aún sin descubrir, pero la inversión en exploración es mínima comparada con la del petróleo o el gas”, señala el documento. El potencial de este recurso, agrega, es comparable al de los primeros yacimientos de hidrocarburos a principios del siglo XX.
Inversión, infraestructura y tecnología
Según la Royal Society, el principal obstáculo para una economía global basada en el hidrógeno no es la tecnología de producción, sino la escala y el costo de transporte y almacenamiento. El gas requiere presiones extremadamente altas o temperaturas criogénicas para su manejo, lo que eleva los costos y limita la expansión comercial.
Para sortear ese cuello de botella, el informe propone desarrollar corredores internacionales de hidrógeno, con gasoductos adaptados y terminales portuarias especializadas, así como nuevos estándares de seguridad. “No basta con producirlo; hay que poder moverlo, almacenarlo y usarlo de forma segura y competitiva”, remarca el texto.
El documento también recomienda fortalecer la cooperación entre los sectores energético y científico, promoviendo inversiones conjuntas en tecnologías de captura, almacenamiento y conversión de hidrógeno.
En ese sentido, la Royal Society sugiere que los gobiernos impulsen fondos de innovación y esquemas de garantía de demanda, para asegurar un mercado estable que justifique la inversión privada.
Desafíos regulatorios y ambientales
Otro aspecto clave identificado por la Royal Society es la ausencia de un marco regulatorio internacional para el hidrógeno natural. A diferencia de los hidrocarburos, no existe aún un sistema de concesiones o licencias unificado que defina los derechos de exploración y explotación.
El documento llama a establecer reglas claras sobre la propiedad del recurso, la seguridad operativa y la medición de emisiones. También advierte sobre la necesidad de evaluar los riesgos geológicos del proceso de extracción: “No podemos repetir los errores del petróleo y el gas. La industria del hidrógeno debe nacer con estándares ambientales robustos desde el inicio”.
En el plano ambiental, el informe destaca que el hidrógeno puede ser “el combustible del futuro”, pero solo si su cadena de producción y distribución mantiene una huella de carbono mínima. De lo contrario, su ventaja climática podría diluirse frente a otras tecnologías limpias como la electrificación directa o los biocombustibles avanzados.
Una oportunidad que requiere velocidad
La Royal Society alerta que el mundo está entrando en una ventana crítica de oportunidad: el hidrógeno puede ser la clave para alcanzar los objetivos de neutralidad de carbono hacia 2050, pero la inversión necesaria aún está lejos de concretarse.
Se estima que la demanda global de hidrógeno limpio podría multiplicarse por diez hacia 2050, alcanzando unos 600 millones de toneladas anuales, lo que implicaría una inversión acumulada superior a 3 billones de dólares. Sin embargo, solo una fracción de los proyectos anunciados hasta hoy ha alcanzado la etapa de financiamiento o construcción.
“El desafío no es técnico, sino político y financiero. Se necesita coordinación internacional para transformar el hidrógeno en un mercado global, como lo fue el petróleo en el siglo pasado”, concluye la Royal Society.
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