A 15 años de la muerte de Tato Bores, el rey del humor político

Espectáculos

Ayer se cumplieron 15 años del fallecimiento de Tato Bores, quien desarrolló una intensa labor artística cuyo éxito mayor fueron los programas de humor político que encabezó de 1960 a 1993, que lo llevaron a erigirse en el "Actor Cómico de la Nación".

Esa tarea no fue continua, desde ya, porque los avatares políticos argentinos determinaron censuras y ostracismos, incluso cuando en los 40 interpretaba en radio al Niño Igor, junto a Pepe Arias. El personaje no fue eliminado por razones políticas sino porque su forma de hablar era "dañina" para la niñez.

Nacido en Buenos Aires el 27 de abril de 1927 en el seno de una humilde familia judía, Mauricio Rajmín Borensztein fue expulsado de la primera escuela primaria a la que asistió y no terminó los estudios secundarios en la Otto Krause.

Descubierto por su comicidad por Julio Porter y Pepe Iglesias "El Zorro", comenzó a trabajar con éste en Radio Splendid en 1945. Porter le achicó el apellido y consagró su nombre definitivo: Tato Bores.

Tuvo un pequeño papel en "La caraba" (1947), junto a Olinda Bozán y Francisco Álvarez, el primero de una cantidad de trabajos para el cine, que siempre le guardó puestos secundarios por lo menos hasta que Hugo Sofovich lo convocó para "Departamento de soltero" (1980) y "Amante para dos" (1981), aquí en yunta con Alberto Olmedo.

Su humor fue popular en los escenarios del Maipo, El Nacional, el Comedia, espectáculos de vodevil y clubes nocturnos. Ya había adquirido el frac, la peluca, los anteojos y el enorme habano, pero lo que más lo distinguía era la verborragia que mechaba con certeros apuntes de ironía.

Ese atuendo había sido idea de Juan Carlos Colombres, Landrú, con el que Tato había trabajado en Canal 7 hacia 1957 en el programa "Caras y morisquetas". "Con Landrú nos divertimos como locos, podíamos decir cualquier cosa. No se podía hablar de Perón ni del peronismo, pero todas las demás se las bancaban", declaró más tarde Tato.

Tuvo los mejores guionistas para el tema político: César Bruto en "Tato siempre en domingo" (1962), Jordán de la Cazuela en "Dígale sí a Tato" (1973), Aldo Cammarota en "Déle crédito a Tato" (1974), Cammarota y Juan Carlos Mesa en "Tato vs. Tato" (1980) y "Tato por ciento" (1981), Carlos Abrevaya y Basurto en "Extra Tato" (1983), su hijo Alejandro Borensztein en "Tato diet" (1988), Santiago Varela en "Tato, la leyenda continúa" (1991) y "Tato de América" (1992).

Con su humor fue cómplice de los televidentes domingueros en distintos momentos del país, dijo lo que otros no podían y usó el teléfono para mantener jugosos diálogos ficticios con los presidentes de turno.

Algunos le siguieron el juego, otros prefirieron espantarlo como a un tábano molesto, pero Tato a nadie dejó indiferente. También hizo teatro de prosa, se lució en "La cage aux folles", junto a Carlos Perciavalle, y fue Ciudadano Ilustre de Buenos Aires.

Pero en la memoria, Tato Bores fue aquel individuo de frac, enormes anteojos, peluca y habano que, hablando a una velocidad inaudita, podía chacotear sobre la realidad del país, siempre en busca del humor más auténtico.

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