«El Mesías. El niño judío» de Anne Rice. Trad.: Luis Murillo Fort. Ediciones B. Barcelona España, 2006 (346 págs.) Mal que les pese a sus seguidores, Anne M Rice ya no volverá a escribir sobre brujas y vampiros. Tal como lo anunció a la revista «Newsweek» en octubre de 2005, de ahora en adelante sólo escribirá sobre la vida de Jesucristo. El puntapié inicial lo dio con esta novela (la primera de una trilogía) en la que reconstruye el regreso a Nazareth de la familia de Jesús luego de un prolongado exilio en Alejandría.
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La escritora se reconcilió con la fe católica en 1998, tal vez influida por la muerte de su marido (un ateo declarado) y por una feroz diabetes que la obligó a tratarse con insulina. Pero sus dramas no terminaron allí; un peligroso sobrepeso del que se recuperó vía de bypass gástrico y el acoso de sus muchos fans siempre dispuestos a acampar en su jardín, la llevaron a cambiar de vida (abandonó Nueva Orleáns antes de Catrina) y también de asunto narrativo.
En la nota final de «El Mesías», Rice intenta una explicación: «Escribí muchas novelas sin ser consciente de que reflejaban mi búsqueda de significado en un mundo sin Dios». Famosa por sus historias de horror, inmortalidad y lujuria, la autora de «Entrevista con un vampiro» (llevada al cine por Neil Jordan, en 1994, con Tom Cruise y Brad Pitt) ya no quiere lidiar con personajes existencialistas que sobrellevan su destino y sus tendencias homoeróticas a costa de succionar yugulares a diestra y siniestra.
Sin embargo, su veta creativa sigue en baja y por más que este primer libro sobre la vida de Jesús haya barrido con el barroquismo kitsch de sus últimos títulos, lejos está de transmitir el misterio y encanto de sus primeras novelas. Se percibe un excesivo celo en la reconstrucción de época y una muy cautelosa interpretación de los dogmas católicos (la virginidadde María, la encarnaciónde Dios en un hombre), aunque en las primeras páginas la figura de Jesús niño tienda a parecerse demasiado a la del mago Harry Potter.
A él también le ocultan su verdadero origen y debe descubrir por sí mismo sus poderes, sólo que en lugar de magia hace milagros y se ve atormentado por visiones asociadas a su misión redentora. El resto de la novela resulta demasiado convencional y carente de emociones a pesar de las muchas muertes y persecuciones que sufren los protagonistas. Es de lamentar que la autora no haya logrado transmitir la sobrecogedora experiencia de lo sagrado, o al menos celebrar su regreso a la fe con la debida maestría literaria.
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