14 de mayo 2003 - 00:00

A los 82 años murió Marcos Zucker

Marcos Zucker
Marcos Zucker
A yer a los 82 años, víctima de un paro cardíaco, murió Marcos Zucker, un actor que empezó a los seis años, y desde entonces nunca tuvo descanso. Tampoco tuvo nunca el estrellato, pese a más de 200 obras teatrales, más de 50 películas, y muchos años de TV. Pero siempre se lo reconoció como una buena persona, y el público le entregó su cariño.

Nacido el 15 de febrero de 1921 en el barrio del Abasto, era hijo de un tejedor judío de Lodz, que acá debió improvisarse como sastre. El chico se crió con sus ocho hermanos en un conventillo de la cortada Zelaya, a la vuelta de Jaurés, entonces Bermejo, donde vivía Gardel. Un dia llegó hasta su puerta y le cantó «Garufa». Otro día llegó hasta el Teatro Infantil de Angelina Pagano, y lo tomaron más que nada como cantorcito de tangos. Llegó incluso a cantar con Pacho, con Lomuto, y hasta con Anibal Troilo. Ambos actuaban de pantalones cortos, en el café «Germinal» y en el Cine Palace Medrano.

Al cambiarle la voz, eligió seguir como actor. Otro hermano suyo se mantuvo en el tango, pero bajo el seudónimo de Roberto Beltrán. La carrera de Marquitos, como siempre le dijeron, siguió por carriles amplios: trabajó con Florencio Parravicini, Nicolás Fregues (que lo quiso adoptar), Luisa Vehil, y otras figuras, tanto en dramas y comedias, como en sainetes, grotescos, musicales, revistas, y astracanadas de todo calibre. Recibió elogios de Victoria Ocampo y del gran Jean-Louis Barrault, que lo dirigió en «La alondra», de Anouilh. Fue un hijo de Iba-ñez Menta en el estreno local de «La muerte de un viajante». Y se enganchó en pasatiempos como «Se casa el pajuerano», con su amigo Vicente Rubino.

Con él armó compañias y esquicios desde los '50 a los '70. El público los recuerda especialmente por su cuadro de «Los jubilados», en «La tuerca», junto a Guido Gorgatti, Tincho Zabala, y otros. En televisión fue también recordado secundante de Calabró, Minguito, y Olmedo. Asimismo participó en «Quinto Año Nacional», «Operación Ja Ja», «Domingos de mi ciudad», «Alta comedia» y hasta «Compromiso», entre otros programas.

En cine hizo 53 películas, desde su debut en 1938 en «El casamiento de Chichilo», donde también debutó Sabina Olmos, pasando por rarezas como «Yo no elegí mi vida», sobre idea de Enrique Santos Discépolo, mayoría de frivolidades, y tres comedias de Lolita Torres.

En teatro, su gran pasión, fue consagrado solo en tierra ajena: tres años seguidos haciendo
«El violinista en el tejado», con dirección de Raúl Rossi, en Chile. Aquí pasó casi inadvertido. Tampoco tuvo recepción su mayor esfuerzo, el protagónico de «Frank Brown», que él definía como «un hombre de una increíble fe y amor por su profesión, que no desfallecía ni ante las ingratitudes, y que siempre tenpia un resto de espíritu para allanar las dificultades y seguir adelante». Acaso la figura de Frank Brown, el payaso melancólico, sea la más adecuada para identificar a Marcos Zucker. Ese chiquilín travieso, que hurgaba fruta del Mercado en la basura, fue con los años un hombre de sonrisa triste, lagrimeante, un poco por rutina, por oficio, pero otro poco por su mala salud, sus cuatro operaciones de cataratas, un hijo desaparecido a los 23 años, una hija que debió irse a España, y un hijo de la vejez, que tuvo a los 60 años, pero se le quedó en Chile. Con todo, sabía aguantar. A los 62 años, haciendo «Chúmbale» en Mar del Plata, se fracturó un tobillo en escena. Y siguió en escena, disimulando hasta el final.

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