15 de mayo 2001 - 00:00

"Acá, la autogestión es la única salida"

Suna Rocha.
Suna Rocha.
(15/05/2001) Tras un largo período sin cantar en Buenos Aires, Suna Rocha armó un pequeño ciclo con un espectáculo denominado «La mandinga», en el auditorio del Centro Cultural Borges, que comenzó el viernes pasado y que repetirá el viernes y sábado próximos.

Periodista: ¿Por qué se la ve actuando tan poco por aquí?

Suna Rocha: Sin dudas, no debe ser por falta de ganas. Lo que pasa es que todo se ha puesto muy difícil. Paradójicamente, yo trabajo mucho afuera, y eso me permite seguir en movimiento y vivir de mi canto. A mediados de diciembre pasado viajé a Alemania para hacer algunos conciertos y terminé pasando las fiestas allá y actuando hasta mitad de enero; es asombroso cómo les gusta la chacarera a los alemanes. Aunque no entienden las letras, se entusiasman con la música, y hay muchos que están aprendiendo a bailarla. Pero volviendo aquí, la única manera posible es la autogestión. Salvo con los artistas muy masivos, las compañías de discos se ocupan muy poco de la difusión, del desarrollo de sus músicos. Y para hacer un espectáculo, es uno mismo el que tiene que producirlo.

P.: ¿Le ha servido de algo a los folkloristas que ya venían trabajando el fenómeno de nuevas figuras que encabezó Soledad?

S.R.: No, para nada. Porque son otros circuitos, y seguramente otro público. Mucha de la gente que escucha «Angélica» por Los Nocheros puede llegar a pensar que es una canción nueva y no se entera de que fue grabada muchos años antes por Los Cantores de Quilla Huasi. Lo que me preocupa es que hay mucha mentira alrededor de eso. Seguramente, cuando Soledad empezó a cantar con su hermana, lo hizo como lo hacía yo con mi her-mana cuando éramos chicas, divirtiéndose. Pero después, cuando entra en la maquinaria de la industria, uno ya no sabe qué es auténtico y qué no. Es una pena, porque hay buenos artistas que podrían haber sido importantes si hubieran tenido un desarrollo más lógico, pero los llevan a cantar canciones muy superficiales que sólo hablan del amor de la manera más banal.

P.: ¿Nunca pensó en abordar otros géneros?

S.R.: Yo canto folklore no porque sea una moda, sino porque está dentro de mí, porque es algo que aprendí desde muy chica. De la misma manera que están algunas costumbres, algunas comidas. Yo tengo un programa en radio «Nacional» donde hablo de estas cosas y me doy cuenta, por los llamados de la gente, de que son muchos los que siguen emocionándose cuando hablamos de nuestras cosas más profundas, sea una música o una receta de cocina. Pero, más allá de eso, yo también escucho otras músicas, soy muy abierta a todo lo que su-cede. Y también me interesa incluir letras que digan lo que nos está pasando. Creo que los cantantes populares, si real-mente lo somos, tenemos que asumir de algún modo la voz de los que no la tienen y dar testimonio de una realidad que es cada vez más dura para mucha gente.

P.: ¿Cómo está conformado su repertorio actual?

S.R.: Este espectáculo, por ejemplo, empieza con «La maldición de Malinche», una canción mexicana que, como el tango «Cambalache», sigue teniendo una lamentable actualidad.Y ese tema, como uno brasileño de Kleiton y Kledir, estará en mi próximo disco. Y para ser coherente con lo que le decía antes, lo produciré yo misma. Eso me permitirá editarlo también afuera. Comenzaremos a grabar ese álbum en los próximos meses, en medio de lo cual tengo otro viaje a Alemania. Y seguramente se llamará «La mandinga», como el espectáculo que estamos haciendo ahora en el Borges.

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