El contratenor Franco Fagioli, la mejor voz del elenco de la «Agrippina» de Häendel que se estrenó en el teatro Avenida con creativa puesta y sólida dirección actoral de Claudio Gallardou.
«Agrippina», ópera de G.F. Häendel. Con H. Iturralde, C.F. Holm, R. Domínguez, L. Antonaz, F. Fagioli, A. Meerapfel, P. Travaglino y S. Carlevaris. Regie e ilum.: C. Gallardou. Esc. y Vest.: R. Schussheim. Orquesta Barroca del Plata, dir.: J.M. Quintana. (Teatro Avenida, 16/9. Org.: Buenos Aires Lyrica.
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Como se esta haciendo habitual en centros líricos europeos y americanos, la frecuentación de las óperas del período barroco se hacen «aggiornadas», aunque el asunto -como en este caso-sucede en la Roma Imperial. Atenta a esta tendencia, Renata Schussheim vistió a los personajes femeninos con vestidos de fiesta; a los masculinos en «breeches» de montar, trajes o fracs. El diseño de escenografía bien práctico, a su vez, para estimular la imaginación.
La trama arranca con un acto maternal de Agrippina, impulsado por una noticia que terminó siendo falsa y desata una cadena de intrigas, pactos incumplidos, engaños y malos entendidos; en fin, la eterna cuestión política por llegar al poder.
Con la creatividad de Claudio Gallardou y su buena marcación actoral y movimientos ingeniosos tanto para complicar como para desenredar la trama, logra una acción teatral de cierta dinámica. Pero no puede hacer nada con la extensión de la pieza (más cuatro horas), ya que la estructura de la ópera barroca es así, con sus arias «da capo» y «recitativos» imprescindibles en su formato. Carla Filipcic Holm compone una Agrippina teatralmente atractiva y eficaz vocalmente. Rosa Domínguez, como Nerón, tiene momentos brillantes; su ornamentación vocal es de sólida escuela. La italiana Laura Antonaz no es gran cosa, y sus gestos ordinarios deslucen a la seductora Poppea. El contratenor Franco Fagioli es un dechado de virtudes, voz cálida, afinación perfecta así como la dicción, una musicalidad intachable, su Ottone será inolvidable.
Muy bien Hernán Iturralde en el incómodo rol de Claudio. Correctos los libertos Meerapfel y Travaglino; gracioso Sergio Carlevaris como Lesbo. Resulta curioso que un músico experimentado como Juan Manuel Quintana no pueda ofrecer una versión más ajustada con su orquesta Barroca del Plata.
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