12 de febrero 2004 - 00:00

"Alguien tiene que ceder"

Alguien tiene que ceder
«Alguien tiene que ceder» (Something's Gotta Give, EE.UU., 2003, habl. en inglés). Dir.: N. Meyers. Int.: J. Nicholson, D. Keaton, K. Reeves, J. Favreau, F. McDormand, A. Peet.

E l romance entre gente cercana a los 60 años no parecía un tema capaz de interesar al Hollywood de estos tiempos, consagrado a satisfacer los gustos de ese público mucho menor que, dicen las estadísticas, es el que hace los éxitos en cine. La aparición de «Alguien tiene que ceder» vendría a ser entonces una buena noticia para sesentones.

El atractivo de la película, sin embargo, no pasa por ahí, sino por sus dos protagonistas excluyentes: Jack Nicholson y Diane Keaton puestos a animar un guión que en primer lugar confía en que Nicholson jugará debidamente a alimentar la fantasía de lo autobiográfico. No por nada, en toda entrevista destinada a promocionar el film, el astuto Jack repite incansablemente que, para él, los años de playboy se terminaron y que ahora está buscando una buena mujer (madura) para casarse. Eso es lo que le pasa, justamente, a su personaje, un Casanova de 63 años completamente inmune a mujeres de más de 30, que empieza la película en tren de fin de semana playero con una chica y, para su sorpresa, termina enamorándose de la madre de su conquista y dueña de la espectacular casa que eligieron para refocilarse.

En rigor, un inoportuno infarto le arruina la primera noche de sexo con Amanda Peet (después se sabrá que tomó Viagra) y por prescripción médica se ve forzado a convivir con Diane Keaton, una dramaturga exitosa con el suficiente buen corazón como para hacerse cargo del paquete por unos días.

Tras la visión del flácido trasero de Nicholson en bata de hospital, sobreviene una lluvia de gags de sitcom televisiva, especialidad de la directora Nancy Meyers así como esos clichés sobre hombres y mujeres hechos a medida para irritación de feministas (recuérdese nada más «Lo que ellas quieren», con Mel Gibson aprovechándose del don de escuchar los pensamientos femeninos para seducirlas, robarles ideas o protegerlas de sí mismas).

Con todo, muchos chistes hacen reír de buena gana, siempre gracias a las monerías de un
Nicholson a sus anchas, a la entrega de Diane Keaton (hasta hace un desnudo, si bien casi subliminal) y a que ambos son los primeros en divertirse con lo que están haciendo. Al espectador le cabe reírse con ellos de la presbicia, las dificultades de erección, la presión alta, la menopausia (un buen método anticonceptivo, según un guión que, por otra parte, ignora alegremente el sida y otras enfermedades transmisibles sexualmente) y sus penas de amor que también las tienen.

Para reforzar el reparto, está
Frances McDormand completamente desperdiciada (igual se luce en un par de escenas), y Keanu Reeves como el inconvincente doctorcito enamorado de Keaton que es despachado sin culpas ni recato cuando ya no le sirve al argumento.

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