Es "La maldición del escorpión de jade" una pequeña y regocijante obra de estilo de Woody Allen en la que confluyen dos recuerdos. El de la candorosa inocencia de los seriales de aventuras de los años 40, y el del cinismo del cine policial de la misma época. La habitan rubias fatales, falsos encantadores, detectives "ratas" y oficinistas grises, y la anima la nostalgia por esa cultura desaparecida.
La comedia, a diferencia de otros de sus tributos genéricos (como El «escorpión de jade» es el amuleto espurio, igual a los miles que otros tantos magos-delincuentes empleaban en aquellos films, del que se vale el ladrón Voltan Polgar para hipnotizar al detective Briggs (
Desde luego,
Para terminar, uno de los chistes que más celebrarán los espectadores de características ligeramente similares a las del director.
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