23 de mayo 2001 - 00:00

Alto nivel del Ballet del Colón con obras de cámara

Tarde en la siesta.
"Tarde en la siesta".
Ballet Estable del Teatro Colón. Dir.: M. García. Programas mixtos III y IV: Obras de Chopin-Fokin; Minkus-Petipa; Drigo-Petipa; Bizet-Schedrin-Alonso; Lecuona-Méndez; Vivaldi-Trunsky; Minkus-Gorsky; Carreño-Nebrada y Piazzolla-Wainrot. (Teatro Presidente Alvear.)

El Ballet Estable del Colón presentó otro programa mixto en el ámbito del Presidente Alvear. En diversas oportunidades, se ha señalado la inconveniencia de que esta compañía baile en un escenario reducido en capacidad, en rango técnico y sin la posibilidad del acompañamiento orquestal como el que ofrece el Alvear, aunque su sala se haya mejorado y embellecido ostensiblemente. Lo que más preocupa es esta suerte de marginación a la que se somete a la más importante compañía de ballet clásico del país, escamoteándole el escenario que le corresponde por derecho propio.

Por los motivos enunciados a algunas producciones como «Las sílfides» o «Estaciones porteñas», se las ve desmejoradas con respecto a anteriores presentaciones en el escenario del Colón, en el que han sido genuinos éxitos por su calidad intrínseca e interpretativa. En cambio, las obras pequeñas alcanzaron el nivel de calidad que, sin duda, tiene la agrupación dirigida por la cubana Marta García.

El último programa incluyó dos estrenos: «Tarde en la siesta» y «Pro et contra». El primero es un diseño coreográfico de Alberto Méndez sobre un puñado de composiciones pianísticas de Ernesto Lecuona (se usó una grabación interpretada por el autor). El lenguaje refinado y sensible de Méndez se organiza en conjuntos de las cuatro bailarinas, protagonistas de la obra, y en variaciones que cada una asume de acuerdo con sus nombres: Consuelo, Soledad, Dulce y Esperanza. Gabriela Alberti, Myriam Coelho, Maricel De Mitri y Lila Flores constituyeron un excelente cuarteto con brillantes momentos individuales.

Bello entorno escenográfico, vestuario y luces redondearon una propuesta tocada por una profunda melancolía y exquisito decadentismo. Sobre música vocal de Vivaldi, Carlos Trunsky creó «Pro et contra» un «solo» evidentemente pensado para su protagonista Leonardo Reale. El bailarín ofreció un contundente trabajo corporal vinculado a lo acrobático. Breve, pero magnífico.

De los dos programas destacamos algunas performances de gran calidad como la de «Carmen» de Karina Olmedo, las de Silvina Perillo y Leonardo Reale para «Pas d'esclaves» y las del conjunto para «Nuestros valses» y «Estaciones porteñas» con puntos altos en la pareja Bertotti-Gopkalo, Lila Flores y Alejandro Parente, Silvina Vaccarelli para la primera y el trío de Alventosa-Perillo-Parente en el electrizante «Michelangelo 70», de Piazzolla según Wainrot.

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